1. SÉNECA

    1. Biografía

    2. Obra

    3. Significación filosófica

    4. Citas

  2. ESTOCISMO

    1. Definición

    2. Filosofía estoica

    3. Citas

  3. CÓRDOBA ROMANA

    1. Evolución histórica

    2. Monumentos más significativos

    3. Cronología

 

 

1. SENECA

 

1.a. Biografía

 

Lucio Anneo Séneca (Latín: Lucius Annæus Seneca), llamado Séneca el Joven (Córdoba, 4 a. C.- Roma, 65) fue un filósofo romano conocido por sus obras de carácter moralista. Hijo del orador Marco Anneo Séneca, fue tutor y consejero del emperador Nerón.

 

Aunque su familia era oriunda de Corduba –moderna Córdoba–, en la Bética, no existe ningún documento que permita afirmar con seguridad que nació en dicha ciudad. Sin embargo, la tradición ha situado su nacimiento en Corduba en torno al año 1 (se barajan tres posibles fechas para su nacimiento, los años, 1, 4 y 5 e.c.), y es por ello que, sobre todo en el mundo hispanoparlante, Séneca ha sido considerado como nacido en la moderna Córdoba.

El padre de Séneca, Marco Anneo Séneca, era un procurador imperial que se convirtió en una auténtica eminencia de la retórica, el arte de la oratoria y del debate. Además de a Lucio, Marco tuvo otros dos hijos que a su manera también alcanzaron cierta relevancia. El primero, Novato, más conocido como Galión, fue el gobernador de Acaya que declinó ejercer su jurisdicción sobre San Pablo, y lo envió a Roma. El segundo, Mela, aunque menos ambicioso, fue un hábil financiero famoso por ser el padre del poeta Lucano, que, por tanto, era sobrino de Lucio Séneca. De toda la vida de Lucio Séneca previa al año 41d.C. no se sabe gran cosa, y lo que en general se sabe es gracias a lo que el propio Séneca dejó por escrito en sus obras. Sea como fuere, es claro que provenía de una familia distinguida, perteneciente a la más alta sociedad hispana en una época en que la provincia de Hispania estaba en pleno auge dentro del Imperio romano.

Parece ser que pasó los primeros años de su vida en Roma bajo la protección de la hermanastra de su madre, su tía Marcia. Se dice que en ese tiempo vivió con humildad en una habitación en el piso de arriba de un baño público, algo probablemente falso ya que Marcia era una persona acaudalada. Durante este tiempo, parece que fue entrenado en retórica e introducido en el estoicismo por el filósofo Átalo.

Marcia estaba casada con un équite (caballero) romano que en el año 16 fue nombrado gobernador de Egipto por el emperador Tiberio. Séneca acompañó al matrimonio a Alejandría, en Egipto, donde adquirió nociones de administración y finanzas, al tiempo que estudiaba geografía y etnografía de Egipto y de la India, y desarrollaba su interés por las Ciencias Naturales, en las que, a decir de Plinio el Viejo, destacaría por sus conocimientos de geología, oceanografía y meteorología. Por influjo de los cultos místicos orientales que existían en Egipto, al principio demostró una cierta inclinación hacia el misticismo pitagórico enseñado por Sotión, y los cultos de Isis y Serapis, que por aquel entonces ganaban gran número de adeptos entre los romanos. No obstante, posteriormente se inclinó hacia el estoicismo, filosofía que adoptaría hasta el fin de sus días. Su formación, pues, fue muy variada, rica y abierta: además de formarse en Egipto, parece ser que ya en Roma había estudiado gramática, retórica y filosofía; es posible, además, que viajara en algún momento a Grecia para continuar formándose en Atenas, algo muy común entre los patricios de su tiempo. Sea como fuere, dejó escrito haber estudiado con Sotión, un filósofo ecléctico-pitagórico, con el estoico Átalo y con Papirio Fabiano. Más adelante, fue amigo íntimo del cínico Demetro.

Séneca siempre tuvo una salud enfermiza, especialmente debido al asma que padecía desde su infancia. Tanto es así que llegó a escribir que lo único que le impedía suicidarse era la incapacidad de su padre de soportar su pérdida.

En el año 31, Séneca volvió a Roma donde, a pesar de su mala salud, su origen provinciano y provenir de una familia comparativamente escasa en influencias, fue nombrado Cuestor, iniciando así su cursus honorum, en el que pronto destacó por su estilo brillante de orador y escritor. Para cuando, en el año 37, el emperador Calígula sucedió a Tiberio, Séneca se había convertido en el principal orador del Senado, levantando la envidia y los celos del nuevo y megalómano César, el cual, de acuerdo con el historiador Dión Casio, ordenó su ejecución. Según el mismo historiador, fue una mujer próxima al círculo más íntimo de Calígula la que consiguió que éste revocara las sentencia al afirmar que Séneca padecía de tuberculosis y pronto moriría por sí mismo. A consecuencia de este incidente, empero, Séneca se retiró de la vida pública.

En el año 41, a la muerte de Calígula y la entronización de Claudio, Séneca, que continuaba siendo una persona relevante dentro del estamento político romano, fue de nuevo condenado a muerte, si bien la pena se le conmutó por el destierro a Córcega. Las causas de esta condena se ignoran. La sentencia oficial lo acusaba de haber cometido adulterio con Julia Livilla, hermana de Calígula, hecho bastante improbable. Más probablemente, se ha apuntado que la esposa de Claudio, la célebre Valeria Mesalina, lo consideraba peligroso ahora que Calígula había muerto. La entronización de Claudio se había producido contra la oposición del Senado y Séneca, que debido a su prestigio como orador era probablemente uno senadores más influyentes, podría haber sido un enemigo político en potencia para Claudio.

Su exilio en Córcega duró 8 años. Durante ese tiempo escribió un ensayo de consolación a su madre Helvia, a raíz de la muerte de su padre Marco, y que destaca por propugnar actitudes estoicas muy diferentes a las que, por ese mismo período, se muestran en la Consolación a Polibio, nombre de uno de los libertos imperiales de Claudio y que ostentaba un gran poder e influencia sobre el emperador. En esta carta, que probablemente nunca estuviera destinada a publicarse, se muestra abyectamente adulador mientras busca el perdón imperial.

El destierro duró hasta el año 49 cuando, tras la caída de Mesalina, la nueva esposa de Claudio, la también célebre Agripina la Menor, consiguió para él el perdón imperial. Se le llamó a Roma y, por indicación de Agripina, se le nombró pretor en la ciudad. El favor imperial no acabó ahí, pues en el año 51, a instancias, de nuevo, de Agripina, se le nombró tutor del joven Lucio Domicio Ahenobarbo, futuro Nerón, y que era hijo de un matrimonio anterior de Agripina. Tan drástico cambio en su suerte se debió, según el historiador Tácito, a que Agripina, aparte de buscar un tutor ilustre para su hijo creía que la fama de Séneca haría que la familia imperial ganara en popularidad, además de considerar que un Séneca agradecido y obligado a ella serviría como un importante aliado y un sabio consejero en los planes de alcanzar el poder que albergaba para su hijo Nerón.

En el año 54, el emperador Claudio murió (según la mayoría de las fuentes históricas, envenenado por la propia Agripina), y su hijastro Nerón subió al poder. Aunque no hay evidencia alguna de que Séneca estuviera involucrado en el asesinato de Claudio, sí que se mofó del viejo emperador en su obra satírica la Apocolocyntosis divi Claudii ("Calabazificación del divino Claudio"), en la que éste, al ser deificado, acaba, tras una serie de vicisitudes, como un mero burócrata en el Hades. Con la subida al poder del joven Nerón, que por aquél entonces contaba con 17 años, Séneca fue nombrado consejero político y ministro, junto con un austero oficial militar llamado Sexto Afranio Burro.

Durante los ocho años siguientes, Séneca y Burro, que todos los historiadores romanos consideraron como las personas de mayor valía e ilustración del entorno de Nerón, gobernaron de facto el imperio romano. Dicho período destacaría, a decir del propio emperador Trajano, por ser uno de los períodos de mejor y más justo gobierno de toda la época imperial. Su política, basada en compromiso y diplomacia más que en innovaciones e idealismo, fue modesta pero eficiente: se trató en todo momento de refrenar los excesos del joven Nerón, al tiempo que evitaban depositar gran poder real en manos de Agripina. Así, mientras Nerón se dedicaba, siguiendo las instrucciones de Séneca, a un ocio moralmente "aceptable", Séneca y Burro se hicieron con el poder, en el que promovieron una series de reformas legales y financieras, como la reducción de los impuestos indirectos; persiguieron la concusión (la corrupción de los gobernadores provinciales); llevaron a cabo una exitosa guerra en Armenia, que instituyó el protectorado romano en aquel país y se mostró, a la larga, fundamental para la salvaguarda de la frontera oriental del imperio; se enviaron, a instancias de Séneca, expediciones para dar con las fuentes del río Nilo... Vale notar que ni Burro ni Séneca ocuparon, durante este período, cargo constitucional alguno, más allá del de senadores, por lo que ejercieron el poder desde detrás del solio imperial, como meros validos y consejeros del joven césar, que al parecer tenía en alta estima a su tutor.

Sin embargo, conforme Nerón fue creciendo, comenzó a desembarazarse de la "benigna" influencia de Séneca, de tal forma que, al mismo tiempo que el ejercicio del poder iba desgastando al filósofo, comenzaba a perder influencia sobre su pupilo Nerón. Éste, que había demostrado una naturaleza cruel y vitriólica al hacer asesinar a su hermanastro Británico, pronto comenzó a escuchar los consejos de gentes de la peor ralea de la sociedad romana, meros arribistas que, como Publio Sulio Rufo, vieron una oportunidad para desplazar a Séneca del poder. Fue este Rufo el que, en el año 58, acusó a Séneca , absurdamente según Tácito, de acostarse con Agripina, dando origen a una campaña de desprestigio en la que el filósofo fue acusado de crímenes tan peregrinos como el de deplorar el tiránico régimen imperial, extravagancia en sus banquetes, hipocresía y adulación en sus escritos (fue en este momento cuando salió a la luz la carta al liberto Polibio), usura, y, sobre todo, excesiva riqueza. De hecho, la riqueza de Séneca en este período alcanzó la categoría de proverbial, cuando el poeta Juvenal habla de los grandes jardines del inmensamente rico Séneca. Es probable que la inmensa riqueza del filósofo propiciaran su caída frente a Nerón, el cual no toleraría que un particular pudiera hacerle sombra en ese aspecto.

En el año 59, la antiguamente gran valedora de Séneca, Agripina, fue asesinada por Nerón, marcando el inicio del fin de Séneca. Aunque posiblemente no estuvieran involucrados, Séneca y Burro tuvieron que llevar a cabo una campaña de lavado de imagen pública del emperador a fin de minimizar el impacto que pudiera tener el crimen: Séneca escribió la famosa carta al Senado en la que justificaba a Nerón explicando cómo Agripina había conspirado en contra de su hijo. Este hecho ha sido muy criticado con posterioridad, y ha sido germen frecuente de las acusaciones de hipocresía contra Séneca. Cuando, en el año 62, Burro murió (probablemente asesinado según algunos), la situación de Séneca en el poder se volvió insostenible, al haber perdido buena parte de su capital político y de sus apoyos. La campaña de desprestigio, además, le privó de la cercanía del emperador, el cual, rodeado de aduladores y arribistas como Tigelino, Vitelio o Petronio, pronto comenzaría a hablar de desembarazarse de su viejo tutor.

Así, ese mismo año Séneca pidió a Nerón retirarse de la vida pública, y ofreció toda su fortuna al emperador. El retiro le fue concedido tácitamente, aunque la fortuna no le fue aceptada hasta años después. De esta manera, Séneca consiguió retirarse de la cada vez más peligrosa corte romana, y comenzó a pasar su tiempo viajando con su segunda esposa, Paulina, por el sur de Italia. Al mismo tiempo, comenzó a redactar una de sus obras más famosas, las "Cartas a Lucilio", auténtico ejemplo de ensayo, en las que Séneca ofrece todo tipo de sabios consejos y reflexiones a Lucilio, un amigo íntimo que supuestamente ejercía como procurador romano en Sicilia. Esta obra serviría de ejemplo e inspiración a Michel de Montaigne en la redacción de los Ensayos.

Aun así, Séneca no consiguió desembarazarse del todo de la obsesiva perversión de su antiguo pupilo. Según Tácito, parece ser que en sus últimos años Séneca sufrió un intento de envenenamiento, frustrado gracias a la sencilla dieta que el filósofo había adoptado previendo un ataque de este tipo. Sea como fuere, en el año 65 se le acusó de estar implicado en la famosa conjura de Pisón contra Nerón. Aunque no existieran pruebas firmes en su contra, la conjura de Pisón sirvió a Nerón como pretexto para purgar a la sociedad romana de muchos patricios y caballeros que consideraba subversivos o peligrosos, y entre ellos se encontraba el propio Séneca. Así pues, Séneca fue, junto con muchos otros, condenado a muerte víctima de la conjura fracasada.

Sobre la muerte de Séneca, el historiador Tácito cuenta que el tribuno Silvano fue encomendado para darle la noticia al filósofo, pero siendo aquél uno de los conjurados, y sintiendo una gran vergüenza por Séneca, le ordenó a otro tribuno que le llevara la notificación del César: de un patricio como Séneca se esperaba no que decidiera esperar a la ejecución, sino que se suicidara tras recibir la condena a muerte. Cuando Séneca recibió la misiva, ponderó con calma la situación y pidió permiso para redactar su testamento, lo cual le fue denegado, pues la ley romana preveía en esos caso que todos los bienes del conjurado pasaran al patrimonio imperial. Sabiendo que Nerón actuaría con crueldad sobre él, decidió abrirse las venas en el mismo lugar, cortándose los brazos y las piernas. Su esposa Paulina le imitó para evitar ser humillada por el emperador, pero los guardias y los sirvientes se lo impidieron (otras fuentes afirman que realmente se suicidó, aunque Suetonio afirma que vivió hasta el principado de Domiciano). Séneca, viendo que su muerte no llegaba, le pidió a su médico Eustacio Anneo que le suministrase veneno griego (cicuta), el cual bebió pero sin efecto alguno. Pidió finalmente ser llevado a un baño caliente, dónde el vapor terminó asfixiándolo, víctima del asma que padecía. Al suicidio de Séneca lo siguieron, además, el de sus dos hermanos y el de su sobrino Lucano, sabedores de que pronto la crueldad de Nerón recaería también sobre ellos.

El cuerpo de Séneca fue incinerado sin ceremonia alguna. Así lo había prescrito en su testamento cuando, siendo rico y poderoso, pensaba en sus últimos momentos.

 

1.b. Obra.

Las obras que nos quedan de Séneca se pueden dividir en cuatro apartados: los diálogos morales, las cartas, las tragedias y los epigramas. La filosofía de Séneca se diluye en estas obras. No escribió una obra sistemática de filosofía; su pensamiento filosófico, sus ideas estoicas, se expresan a lo largo de toda su obra y llenan el comentario de todas las situaciones. Los diálogos son 11 obras morales conservadas en un manuscrito de la Biblioteca Ambrosiana. Si se exceptúa el conocido con el nombre de Sobre la ira, son relativamente cortos. El largo diálogo Sobre la ira está dedicado a su hermano Novato, que le había pedido que le escribiera sobre el modo de mitigar la ira.

En el exilio escribió el tratado Sobre la providencia, dedicado a Lucilio Hijo. De su exilio es también el diálogo más delicioso y el más lleno de detalles personales, que escribió a su madre: De la consolación a Helvia. Junto al tratado Sobre la providencia hay que colocar el De la constancia del sabio, escrito probablemente después del año 47. Vuelto a las tareas de gobierno redacta el diálogo Sobre la brevedad de la vida, escrito con toda probabilidad en el año 55. A su suegro Paulino le dedicó el diálogo La vida bienaventurada, una curiosa defensa de su forma de vida de filósofo estoico.

Durante el período de retiro de la vida política escribió un libro de Cuestiones naturales, dedicado a Lucilio, que trata de fenómenos naturales, y donde la ética se mezcla con la física.

Escrita en prosa y verso, pero aislada de sus demás obras, como caso único está el Apocolocyntosis, una sátira feroz de la deificación de Claudio, con crítica política y malicia personal.

De toda la obra poética de Séneca sus diez tragedias son el fruto de una actividad creativa, independiente, que ejerció a lo largo de su vida, pero especialmente en el periodo intermedio de la educación de Nerón. Diez tragedias han llegado hasta nosotros; aunque una es dudosa en la atribución, Hércules Oetano, y otra, Octavia, ciertamente es apócrifa.

 Consolaciones

Consolación a Marcia (40d.C.)

Consolación a Helvia (42d.C.)

Consolación a Polibio (43d.C.)

Diálogos

De la ira (41d.C.)

De la serenidad del alma (53d.C.)

De la brevedad de la vida (55d.C.)

De la firmeza del sabio (55d.C.)

De la clemencia (56d.C.)

De la vida bienaventurada o de la felicidad (58d.C.)

De los beneficios (59d.C.)

De la vida retirada o del ocio (¿62? d.C.)

De la providencia (63d.C.)

Tragedias

Hércules furioso

Las troyanas

Medea

Hipólito

Oedipus

Agamenón

Tiéstes

Hércules Oetano

Las fenicias

Fedra

Octavia

 Otras

Apocolocyntosis divi Claudii (La Calabacificación del divino Claudio), una obra satírica. {También contiene referencias a Nerón, al que compara al Néstor en sabiduría y longevidad en un ejercicio de inaudita adulación.}

De Clementia (Sobre la Clemencia) - escrita a Nerón a fin de enseñarle sobre dicha virtud.

De Beneficiis (Sobre los Beneficios), en siete libros.

Naturales Quaestiones , en siete libros de poca originalidad, pero aun así tremendamente populares durante la Edad Media en todo lo relacionado con meteorología, mineralogía y oceanografía.

Epistulae morales ad Lucilium, (Cartas a Lucilio) - conjunto de 124 cartas de temática moral escritas a Lucilio.

Cujus etiam ad Paulum apostolum leguntur epistolae, cartas, supuestamente una correspondencia mantenidad entre Séneca y San Pablo. Fueron fechadas entorno al año 370 e.v. por expertos latinistas durante el Renacimiento, y desde entonces se consider

 

1.c. Significación filosófica

La filosofía de Séneca es fundamentalmente práctica. Sus doctrinas físicas revelan una gran influencia de Poseidonio y un gran conocimiento de la filosofía griega, así como una aguda observación de la naturaleza.

A Séneca le interesa más la filosofía como forma de vida que como especulación teórica, y gira toda ella en torno a la figura del «sabio», del «sofós». Para Séneca la sabiduría y la virtud son la meta de la vida moral, lo único inmortal que tienen los mortales. La sabiduría consistirá según la doctrina estoica en seguir a la naturaleza, dejándose guiar por sus leyes y ejemplos. Y la naturaleza está regida por la razón. Por tanto, obedecer a la naturaleza es obedecer a la razón, y poder de este modo ser feliz. La felicidad de que es capaz el hombre consiste en adaptarse a la naturaleza, y para ello mantener un temple anímico equilibrado que nos deje a salvo de las veleidades de la fortuna y de los impulsos del deseo que oscurecen la libertad. La libertad consiste en la tranquilidad del espíritu, en la imperturbabilidad del ánimo que hace frente al destino, la ataraxia.

Sólo es feliz el que, dejándose guiar por la razón, ha superado los deseos y los temores. La virtud debe desearse por sí misma, no por otra cosa; el premio de la virtud es la misma vida virtuosa y razonable que nos pone al abrigo de las turbaciones. La moral exige extinguir los deseos desordenados, especialmente la ira. El sabio debe esforzarse por mantenerse impávido. No se le exige una insensibilidad, pues perdería su condición humana, pero debe soportar las adversidades. No ha de tratar de reformar el mundo, que tiene sus leyes necesarias, sino procurar adaptarse a sus exigencias.

Séneca traza un programa de heroísmo pasivo, que exige una reforma de la imaginación y de la mente para que no se impresione por el horror de los dolores, la miseria y la muerte. Los hombres deben prestarse auxilio mutuo, vivir en sociedad profesándose afecto y estima. La naturaleza exige el amor de los elementos que la componen. Hacer daño a otro hombre es algo irracional que va contra la misma esencia de la naturaleza.

La muerte no es un bien ni un mal, puesto que es algo inexistente. Sin embargo, puede ser una liberación cuando las circunstancias de la vida condenan al hombre a una esclavitud incompatible con la libertad. Entonces el hombre tiene el camino abierto para dejar la vida. Nada nos fuerza a vivir en la miseria, en la necesidad. «Demos gracias a Dios de que nadie está obligado a permanecer en la vida», dice en una de sus cartas. Séneca propugna, pues, el suicidio en cualquiera de sus formas que él detalla en De ira como una liberación. Sólo ha de temerse lo incierto, pero la muerte viene con necesidad absoluta y nadie se libra de ella. En el caso extremo el sabio sigue siendo dueño de la vida, dejando voluntariamente la vida sin odiarla.

Séneca oscila, al pretender justificar este desinterés del sabio que busca la virtud por sí misma, entre una naturaleza que lo es todo y un cierto teísmo providencial. Y a veces identifica a Dios con la naturaleza, que está penetrada toda ella por la razón divina. La Naturaleza, la Razón, el Destino son nombres diversos de Dios.

El alma, del hombre es lo que el hombre tiene de racional y divino, y la que ayudada por la filosofía, nos hará resistir a la fortuna y al azar.

Séneca condena la esclavitud y proclama la igualdad de los hombres; pide que se perdone al enemigo y que se haga el bien a todos; exige el dominio de sí mismo y condena los combates de gladiadores. Tal parecido con la moral cristiana ha llevado a algunos a hablar de una correspondencia epistolar de 14 cartas entre el filósofo y el Apóstol, pero evidentemente son apócrifas.

Toda esta doctrina respondía a la misma personalidad de Séneca. Vivió una vida dramática y se vio mezclado en las turbias luchas que se tramaban en torno al poder. Durante varios años la responsabilidad pública de Séneca fue enorme y de él dependía la suerte de muchas personas. Pretendió llevar a la práctica las doctrinas de los teóricos estoicos; pero al tropezar con la realidad se manchó con sus impurezas, y así tuvo, por ejemplo, que excusar los crímenes de Nerón mientras él mismo se enriquecía. Había en Séneca dos personalidades, muchas veces disociadas y enfrentadas. El moralista estoico, severo e idealista, y el hombre [265] público, apasionado por la vida política y ambicioso. El estoicismo llenaba profundamente su corazón, pero las intrigas políticas le hicieron muchas veces olvidarse de las máximas elevadas. El destierro y la desgracia purificaron su alma, y renunciando a cambiar al mundo imponiéndole la felicidad mediante la política, purificó y acendró su vida interior, desligándose de las vanidades del mundo y sometiéndose al orden del cosmos.

En lógica, Séneca, siguiendo a los estoicos, admite la singularidad del objeto conocido y la corporeidad de todo lo existente. No admite, por tanto, las ideas esenciales platónicas situadas en un lugar celeste. Las ideas son realidades físicas dotadas de propiedades activas, de la misma manera que nuestra alma es una partícula del alma universal. El bien, por ejemplo, es un fluido que impregna el alma del sabio. Todo es corpóreo. Nuestros sentidos aceptan estas realidades corpóreas y las aceptan con evidencia. Y como el mundo es en sí racional, está traspasado de racionalidad; nuestras ideas pueden organizarse también en ciencia. La razón es inmanente al mundo y, por tanto, la razón de cada hombre hallará al mundo inteligible, puesto que el alma es una chispa o soplo divino.

El alma es un soplo extremadamente sutil y cálido, spiritus, es una sustancia continua gracias a la cual los cuerpos complejos conservan su unidad. El alma del mundo mantiene también la cohesión de la tierra y sirve de vínculo con el cielo.

La tierra es en cierto modo un ser vivo, orgánico, con funciones corporales, humores y ritmos como el hombre. De este modo explica Séneca los fenómenos de la naturaleza, el rayo, las cavernas, las corrientes de agua.

En la vida psicológica del hombre se contrapesan el impetus, la pasión y el juicio reflexivo. La inteligencia debe analizar y clarificar las pasiones, despejándolas de todo lo oscuro e irracional. Por eso la virtud consiste en una inteligencia que juzga acertadamente de un modo estable. En este aspecto de las doctrinas senequistas es perceptible el influjo socrático, según el cual el error y el mal coinciden. De hecho esta virtud racional es ahogada y oscurecida por múltiples circunstancias que favorecen la perversión. El placer, el dinero, el orgullo, cosas en sí «indiferentes», puesto que no son bienes, se enseñorean del hombre.

La virtud consistirá en el dominio de la racionalidad; pero dado que el mundo «ya» es racional, la virtud es independiente de toda evolución del mundo y de la sociedad. Séneca excluye toda posibilidad de rebelión y protesta. El bien supremo es la sumisión al orden racional del mundo. Aparte de él, no hay bienes ni males, sino cosas indiferentes. En todo caso, el dolor más agudo es el más breve y con la muerte vendrá la felicidad. Las riquezas no son bienes porque están sujetas a veleidades y no dan tranquilidad de espíritu; precipitan al rico, por el contrario, en un torbellino de deseos.

Sólo sobreviven las almas que se han elevado sobre lo bajo de este mundo gracias a la razón. Las demás no han llegado a un grado suficiente de conciencia y no podrán desligarse de lo material.

Séneca rechaza la mitología griega y romana, juzgándola poco digna de la divinidad. El Universo es un conjunto orgánico y debe ser dominado por un solo ser: Dios, Júpiter. Las divinidades no son sino aspectos y caracteres de este ser supremo. La conciencia debe obrar según lo que en cada momento exija de nosotros el orden del Universo. Eso es el Destino. Lo demás es atribuible a la pasión o a la fortuna, al azar.

Séneca no se queda nunca, sin embargo, en un plano de ética teórica o abstracta. Lo que interesa, según él, no son las sutilezas de la lógica ni las profundidades de la física, sino la vida moral. Los tratados de Séneca son cartas o diálogos. Trata de aconsejar, de guiar por el camino del bien, de la razón y de la ascesis, superando lo contingente y azaroso, dominando la pasión y el deseo.

Séneca predica la fraternidad universal y la superación de los límites angostos de la ciudad o la patria. El sabio tiene por patria el Universo y el destierro es un mero cambio de lugar.

No obstante todo lo anteriormente expuesto, las opiniones y doctrinas de Séneca no forman un sistema y son frecuentes las contradicciones. Muestra una decidida preferencia por la ética como ciencia práctica autónoma, desentendiéndose de las grandes cuestiones metafísicas. De ahí la originalidad del senequismo frente al estoicismo antiguo: por su espiritualismo frente al monismo, y por subrayar frente al Todo la dignidad moral de la persona.

Las principales ideas que dominan la filosofía de Séneca son:

Ø      El dominio espiritual sobre los reveses de la fortuna. 

Ø      Reafirmar la serena placidez del ánimo, reivindicando los tres pilares estoicos de la firmeza: alegría, prudencia y voluntad. 

Ø      Desprecio por la riqueza, pero uso benefactor de ella. 

Ø      Dignidad individual del ser humano sólo por el hecho de serlo. 

Ø      El contenido de la existencia forma la uirtus, que es el sumo bien, valorando más el esfuerzo por conseguirla que su propia consecución. 

Ø      Rechazo a la ira, la angustia y el aburrimiento. 

Ø      Supremacía del alma sobre el cuerpo. 

Ø      La idea de Dios como mente del Universo y de la Providencia como un espíritu divino que revive en el hombre.

El estilo literario de Séneca es brillante, lleno de colorido y de artificios retóricos como era propio de su formación. Ha sido muy imitado y traducido. No sólo se le admira por su estilo literario, sino ante todo por sus ideas. Séneca fue muy admirado en su tiempo; fue objeto de juicios contradictorios y decayó su simpatía con la reacción clasicista que vino tras la muerte de Nerón; pero pronto su éxito fue rehabilitado, sobre todo después que Tácito habla de su renuncia al poder y de su muerte. El cristianismo antiguo y la Edad Media lo consideraron un precristiano por haber tocado temas morales relativos a dignidad del hombre. Se le ha reprochado, a veces, la frecuente contradicción entre la elevada moral que predica en sus escritos y su vida; pero, pese a todo, su influencia ha sido decisiva en todos los grandes pensadores de Occidente.

Séneca es uno de los pocos filósofos romanos que siempre ha gozado de gran popularidad, (al menos en la Europa continental; en el mundo anglosajón no ha sido hasta el siglo XX cuando la figura de Séneca ha sido rescatada del olvido), como lo demuestra el hecho de que su obra haya sido admirada y celebrada por algunos de los pensadores e intelectuales occidentales más influyentes: Erasmo de Rotterdam, Michel de Montaigne, René Descartes, Denis Diderot, Jean-Jacques Rousseau, Thomas de Quincey, Dante, Petrarca, San Jerónimo, San Agustín, Lactancio, Chaucer, Juan Calvino, Baudelaire, Honoré de Balzac... todos mostraron su admiración por la obra de Séneca; aparte de la de Cicerón, la obra de Séneca era una de las mejor conocidas por los pensadores medievales, y como quiera que muchas de sus doctrinas son compatibles con la idiosincrasia cristiana, los padres de la Iglesia como San Agustín lo citan a menudo, Tertuliano lo consideraba un saepe noster, esto es, a menudo uno de los nuestros, quien consideró que muchas de las doctrinas morales expuestas por Séneca tenían gran parecido con las expuestas en la Biblia. y San Jerónimo incluso lo incluyó en su Catálogo de Santos. Durante la Edad Media, de hecho, surgió la leyenda de que San Pablo había convertido a Séneca al cristianismo, y que su muerte en el baño era una suerte de bautismo encubierto. La supuesta conversión al cristianismo de Séneca fue un tema recurrente durante el Bajo Imperio romano y la Edad Media, formando parte de La leyenda dorada, e incluso aparecieron varias cartas espurias entre Séneca y San Pablo en las que intercambian puntos de vista doctrinales; en una de ellas, fechada en el siglo III ó IV, incluso se relata el Gran incendio de Roma, aunque probablemente Séneca se hallaba fuera de la ciudad en ese tiempo. Por otro lado, su obra Naturales Quaestiones, tratado de Ciencias Naturales alabado ya por Plinio el Viejo, fue durante la Edad Media la obra de referencia inamovible en los asuntos que abordaba; sólo Aristóteles tuvo más prestigio en ese campo.

Además, la influencia de Séneca se deja ver en todo el Humanismo y demás corrientes renacentistas. Su afirmación de la igualdad de todos los hombres, la propugnación de una vida sobria y moderada como forma de hallar la felicidad, su desprecio a la superstición, sus opiniones antropocentristas,... se harían un hueco en el pensamiento renacentista. Erasmo de Rotterdam, por ejemplo, fue el primero en preparar una edición crítica de sus obras (1515), y la primera obra de Calvino fue una edición de De Clementia, en 1532. Robert Burton lo cita en su Anatomía de la Melancolía, y Juan Luis Vives y Tomás Moro lo tenían en alta estima, haciéndose eco de sus ideas éticas. En la obra de Montaigne, los Ensayos, las referencias a la obra de Séneca son constantes, tanto en forma como en opiniones, muchas de las cuales son comunes en ambos pensadores; por ejemplo, la justificación del suicidio como forma de evitar una muerte peor es análoga en los dos. Formalmente, muchos ensayos de Montaigne se asemejan a la estructura desarrollada por Séneca en sus Cartas a Lucilio (planteamiento de un tema, pero no de una tesis al respecto, un desarrollo más o menos lineal añadiendo ejemplos, pero evitando digresiones, y una conclusión final sobre el tema planteado que se deduce de todo lo anterior) que se han visto como un antecedente claro al ensayo moderno. Y aunque las ideas presentadas por Séneca no pueden ser consideradas como originales ni sistemáticas en su exposición, su importancia es capital a la hora de hacer asequibles y populares muchas de las ideas de la filosofía griega.

En la actualidad, su obra ha caído en un cierto olvido propiciado por el moderno abandono del estudio de las lenguas y disciplinas clásicas. Sin embargo, sigue sorprendiendo por la vigencia y asequibilidad de muchas de sus ideas y la facilidad de lectura y claridad con que se muestra en las traducciones vernáculas de su obra: las Cartas a Lucilio han sido comparadas a un libro de autoayuda, y de hecho, a raíz de la película Gladiator, tanto éstas como las Meditaciones de Marco Aurelio fueron reeditadas con gran éxito en el mundo anglosajón.

 

 

1.d. Citas

 

Ø      La vida es como una leyenda: No importa que sea larga, sino que esté bien narrada

Ø      Hace falta una vida para aprender a vivir.

Ø      Ligera es la pesadumbre que puede admitir consejo.

Ø      Desconfiar vale menos todavía que ser engañado.

Ø      Si deseas ser amado, ama.

Ø      Enseñando aprendemos.

Ø      Nadie ama a su patria porque es grande sino porque es suya.

Ø      Vive de tal manera que no hagas nada que no puedas decir a tus propios amigos

Ø      No es la dificultad la que impide atreverse, pues de no atreverse viene toda la dificultad.

Ø      No nos falta valor para emprender ciertas cosas porque son difíciles, sino que son difíciles porque nos falta valor para emprenderlas.

Ø      Todo el mundo aspira a la vida dichosa, pero nadie sabe en que consiste.

Ø      Prefiero molestar con la verdad que complacer con adulaciones.

Ø      Los deseos de nuestra vida forman una cadena, cuyos eslabones son las esperanzas.

Ø      El que se ocupa de muchas cosas hace muchas veces entrega de sí a la fortuna."

Ø      Noble se puede llamar al que por su naturaleza es inclinado a la virtud.

Ø      El galardón de las grandes obras es haberlas hecho, no hay otro premio digno.

Ø      Quien mira demasiado las cosas ajenas, no goza de las propias.

Ø      La verdadera medida de la riqueza es no estar ni demasiado cerca ni demasiado lejos de la pobreza.

Ø      Felicidad es no necesitar de ella.

Ø      Si lo que haces es honesto, todos lo saben; pero si lo que haces es malo, ¿qué importa que los otros no lo sepan, si lo sabes tú?

Ø      El fuego prueba el oro; la miseria, los hombres fuertes.

Ø      Si quitáramos la ambición y la vanidad, ¿dónde quedarían los héroes y los patriotas?

Ø      Se puede apreciar el carácter de un hombre en la forma como recibe la alabanza.

Ø      Desdichado es el que por tal se tiene.

Ø      Como el suelo, por más rico que sea, no puede dar fruto si no se cultiva. La mente sin cultivo tampoco puede producir.

Ø      A menudo es mejor olvidarse de un insulto que vengarlo.

Ø      Aquel que decide un caso sin escuchar la declaración de otro, aunque la decisión sea justa, no puede considerarse  justo.

Ø      Si quieres que alguien guarde un secreto, guárdalo tu primero.

 

2.ESTOICISMO

 

 

2.a. Definición

El estoicismo es uno de los movimientos filosóficos que, dentro del periodo helenístico, adquirió mayor importancia y difusión. Fundado por Zenón de Citio en el 301 a. C., adquirió gran difusión por todo el mundo greco-romano, gozando de especial popularidad entre las élites romanas. Su período de preeminencia va del siglo III a. C. hasta finales del siglo II d. C. Tras esto, dio signos de agotamiento que coincidieron con la descomposición social del Alto Imperio romano y el auge del cristianismo.

El estoicismo fue fundado por Zenón de Citio (340–260 a. C.) —a veces llamado Zenón el estoico para distinguirlo de Zenón de Elea—, de origen chipriota y posiblemente de ascendencia mixta, griega y oriental. Se trasladó a Atenas en el 311 a. C. después de una vida agitada. Por aquél entonces Atenas era el centro cultural del mundo griego, donde se congregaban las principales escuelas de filosofía. Durante su estancia, tomó contacto con la filosofía socrática, en especial la de la escuela cínica, y la megárica. Desde la antigüedad, se estudió la posible influencia sobre Zenón de doctrinas semíticas tales como el judaísmo o las filosofías del oriente medio; el considerable parecido entre el estoicismo y el cristianismo en algunas doctrinas, sobre todo en la ética y en la cosmología, sugirieron a panegiristas cristianos como Quintiliano y Tertuliano que Zenón estaba familiarizado, por su origen semita, con el judaísmo.

El término estoicismo proviene del lugar en el que Zenón comenzó a dar sus lecciones en el año 301 a. C., a saber, la Stóa poikilé (en griego Στοα, stoa, 'pórtico'), que era el Pórtico pintado del ágora de Atenas. Pronto atrajo a numerosos seguidores quienes, tras la muerte de Zenón, continuarían y expandirían su filosofía. El estoicismo fue la última gran escuela de filosofía del mundo griego en ser fundada, y continuó existiendo hasta que en el año 529 d. C. el emperador Justiniano clausuró la Escuela de Atenas.

El corpus doctrinal del estoicismo se basó en las escrituras de Zenón, hoy en día perdidas; no obstante, se sabe que escribió numerosas obras entre cuyos títulos destacaban: De la vida conforme a la naturaleza; De los universales; Argumentos dialécticos y De las pasiones.

La expansión del estoicismo por todo el mundo mediterráneo, aprovechando el impulso del mundo helenístico y las redes comerciales surgidas con el auge de Roma favoreció la introducción del estoicismo entre las élites romanas. La sociedad aristocrática romana de los siglos II y I a. C. valoraba en mucho los tiempos de «nuestros padres», refiriéndose a los siglos anteriores en que la relevancia económica y militar de Roma todavía era escasa. Se idealizaba y exaltaba la sencillez y la sobriedad de la vida de aquellos tiempos y, como en todo el mundo griego, se miraba con desconfianza a los lujos y a las costumbres modernas, más sofisticadas, que se habían ido introduciendo conforme la República Romana ganaba preeminencia. La doctrina estoica, muy favorable a esos puntos de vista, fue introducida con éxito, y ganó adeptos tan conocidos como Catón el Viejo, Escipión el Africano y Catón el Joven; la notable fama de estos favoreció aún más al estoicismo, que pronto fue la escuela filosófica más admirada por los romanos.

Los estoicos antiguos dividieron la filosofía en tres partes: la lógica (teoría del conocimiento y de la ciencia), la física (ciencia sobre el mundo y sobre las cosas) y la ética (ciencia de la conducta). Todas ellas se refieren a aspectos de una misma realidad: el universo en su conjunto y el conocimiento sobre él. Este puede ser explicado y comprendido globalmente porque es una estructura organizada racionalmente de la que el hombre mismo es parte integrante, siendo la faceta más importante la ética.

Los principales exponentes de esta etapa, y posiblemente los estoicos más famosos, fueron Lucio Anneo Séneca (4 a. C.–65 d. C.), uno de los escritores romanos más conocidos y quizá el estoico mejor conocido, Epicteto (50–130 d. C.), nacido esclavo, y que no dejó obra escrita, y el emperador Marco Aurelio (121–180 d. C.). La obra de Séneca, Marco y Epicteto permite acercarse, de manera sencilla y didáctica, a los principales aspectos del estoicismo, si bien no introdujeron ningún elemento esencialmente original en la doctrina.Tras la muerte de Marco Aurelio, se considera que el estoicismo entra en decadencia.

No obstante, el estoicismo influirá en numerosas corrientes filosóficas posteriores, desde los primeros padres de la Iglesia hasta Descartes y Kant. Como se ha dicho, los primeros padres de la Iglesia admiraron del estoicismo su ética, que consideraba especialmente cercana a la suya propia; su calma, su serenidad, así como su posición frente a las adversidades hicieron que algunos cristianos como Tertuliano trataran a estoicos como Séneca en los términos de «saepe noster» («a menudo, uno de los nuestros»), mientras que San Jerónimo lo incluyó en su catálogo de santos. Incluso se difundió la leyenda de que Séneca había sido bautizado antes de morir por San Pablo, con quien además habría mantenido correspondencia, y que Marco Aurelio habría igualmente mantenido correspondencia con el Papa y algunos cristianos romanos. Durante el Renacimiento, el estoicismo ganó difusión entre las corrientes humanistas y universitarias: la primera obra de Calvino fue una edición de De clementia de Séneca, y las referencias al estoicismo nuevo son constantes en Erasmo, Juan Luis Vives y Michel de Montaigne. En esta época se revalorizó la actitud vital estoica; en la actualidad, se utiliza cotidianamente el término «estoicismo» para referirse a la actitud de tomarse las adversidades de la vida con fortaleza y aceptación.

 

2.b. Filosofía estoica

Los estoicos proclamaron que se puede alcanzar la libertad y la tranquilidad tan sólo siendo ajeno a las comodidades materiales, la fortuna externa, y dedicándose a una vida guiada por los principios de la razón y la virtud (tal es la idea de la imperturbabilidad o ataraxia). La doctrina estoica que consideraba esencial cada persona como miembro de una familia universal ayudó a romper barreras regionales, sociales y raciales, y preparar el camino para la propagación de una religión universal. La doctrina estoica de la ley natural, que convierte la naturaleza humana en norma para evaluar las leyes e instituciones sociales, tuvo mucha influencia en Roma y en las legislaciones posteriores de Occidente. Además tuvo importancia en corrientes y filósofos posteriores como Descartes y Kant. Hoy en día se utiliza el término estoico para referirse a la actitud de tomarse las adversidades de la vida con fortaleza y resignación.

La teología estoica es panteísta: no hay un Dios fuera de la naturaleza o del mundo; es el mismo mundo en su totalidad el que es divino, lo que justifica que la creencia en los dioses, pese a su heterogeneidad, sea universal.

La concepción de un cosmos dotado de un principio rector inteligente desemboca en una visión determinista del mundo donde nada azaroso puede acaecer: todo está gobernado por una ley racional que es inmanente (como su lógos) y necesaria; el destino no es más que la estricta cadena de los acontecimientos (causas) ligados entre sí: «Los sucesos anteriores son causa de aquellos que les siguen, y en esta manera todas las cosas van ligadas unas a las otras, y así no sucede cosa alguna en el mundo que no sea enteramente consecuencia de aquélla y ligada a la misma como a su causa». (SVF, II, 945).

El azar no existe; es el simple desconocimiento causal de los acontecimientos. Si nuestra mente pudiera captar la total trabazón (conexión) de las causas podría entender el pasado, conocer el presente y predecir el futuro. Este mundo es el mejor de todos los posibles y nuestra existencia contribuye a este proyecto universal, por lo que, como veremos, no hay que temer al destino, sino aceptarlo.

La moral estoica

Al estar todos los acontecimientos del mundo rigurosamente determinados y formar parte el hombre del lógos universal, la libertad no puede consistir más que en la aceptación de nuestro propio destino, el cual estriba fundamentalmente en vivir conforme a la naturaleza. Para ello el hombre debe conocer qué hechos son verdaderos y en qué se apoya su verdad.

El bien y la virtud consisten, por lo tanto, en vivir de acuerdo con la razón, evitando las pasiones (pathos). Que no son sino desviaciones de nuestra propia naturaleza racional. La pasión es lo contrario que la razón, es algo que sucede y que no se puede controlar, por lo tanto debe evitarse. Las reacciones, como el dolor, el placer o el temor, pueden y deben dominarse a través del autocontrol ejercitado por la razón, la impasibilidad (apátheia, de la cual deriva apatía) y la imperturbabilidad (ataraxia). Éstas surgirán de la comprensión de que no hay bien ni mal en sí, ya que todo lo que ocurre es parte de un proyecto cósmico. Sólo los ignorantes desconocen el lógos universal y se dejan arrastrar por sus pasiones.

El sabio ideal es aquél que vive conforme a la razón, está libre de pasiones y se considera ciudadano del mundo. El cosmopolitismo, que defiende la igualdad y solidaridad de los hombres.

 

2.c. Algunas citas estoicas

De Lucio Anneo Séneca:

«Es feliz, por tanto, el que tiene un juicio recto; es feliz el que está contento con las circunstancias presentes, sean las que quieran, y es amigo de lo que tiene; es feliz aquel para quien la razón es quien da valor a todas las cosas de su vida».

«Niego que las riquezas sean un bien: pues si lo fuesen, harían hombres buenos; ahora bien, como lo que se encuentra entre los malos no puede llamarse un bien, les niego ese nombre. Por lo demás, concedo que han de tenerse, que son útiles y proporcionan grandes comodidades a la vida».

«Esto dirá aquél a quien ha sido dada la sabiduría, a quien su alma libre de vicios ordena reprender a los demás, no porque los odie, sino para curarlos: “Vuestra opinión me afecta, no por mí sino por vosotros: odiar y atacar la virtud es renunciar a la esperanza de enmienda”. No me hacéis ninguna injuria, como no la hace a los dioses los que derriban sus altares».

«Seguir la vida mejor, no la más agradable, de modo que el placer no sea el guía, sino el compañero de la voluntad recta y buena. Pues es la naturaleza quien tiene que guiarnos; la razón la observa y la consulta. Si conservamos con cuidado y sin temor nuestras dotes corporales y nuestras aptitudes naturales, como bienes fugaces y dados para un día, si no sufrimos su servidumbre y no nos dominan las cosas externas; si los placeres fortuitos del cuerpo tienen para nosotros el mismo puesto que en campaña los auxiliares y las tropas ligeras (sirven para servir, no mandar)».

De Marco Aurelio:    

«¡Asia, Europa: rincones del mundo; todo el océano: una gota del universo! El Athos: un minúsculo terrón en todo el universo; todo el presente, un instante en la eternidad».

«Aunque vayas a vivir tres mil años o tres mil veces diez mil, recuerda que nadie deja atrás otra vida que esa que está viviendo y tampoco está viviendo otra que no sea la que deja atrás. Se iguala por tanto lo más duradero con lo más breve: el presente es igual para todos, como también lo que muere, y lo que dejamos atrás se manifiesta efímero por igual».

 

 

3. CÓRDOBA ROMANA

 

 

3.a Evolución histórica

Los orígenes de la ciudad. La Córdoba prerromana

Hoy en día está fuera de dudas que con anterioridad a la implantación de la ciudad romana, al este del solar donde ésta iba a desarrollarse, existía ya un asentamiento estable de primera importancia, que en un momento imposible de precisar empezó a ser conocido como Corduba y cuyos orígenes pueden retrotraerse al III milenio a. C. Desde este momento se observa una continuidad en la ocupación hasta finales del s. II a. C..

Hacia el siglo VIII a. C., en el marco del llamado horizonte tartésico antiguo, podemos hablar ya de un núcleo protourbano que ocupaba una superficie de unas 50 ha. y ejercía ya un importante función de control y explotación del territorio circundantes., y una fuerte expansión de la economía sobre todo de la mano de la metalurgia del cobre y la plata actuando la ciudad como auténtico carrefour en el que confluyen una serie de vías y caminos que ponen en comunicación la zona minera de Sierra Morena, las fértiles tierras de la campiña y el eje vertebrador que supone el río Guadalquivir. A la explotación de los metales se unía la actividad agrícola que se convertirá tal vez en el pilar básico de la economía.

Las excavaciones llevadas a cabo en los últimos años han puesto de manifiesto que la etapa turdetana no supone un retraimiento o involución de la ciudad que mantuvo su primacía en el ámbito del valle medio del Guadalquivir actuando incluso como centro de redistribución y comercialización de cerámicas áticas hasta el tercer cuarto del s. IV a. C.

Igualmente, estas últimas intervenciones han zanjado de una vez y para siempre otro problema capital de la arqueología cordobesa, el de la coexistencia o no de un núcleo urbano prerromano y la ciudad “fundada” por Claudio Marcelo. En efecto, queda hoy demostrada la pervivencia en la ocupación hasta, al menos, finales del s. II a. C. elemento éste que implica la convivencia pacífica e incluso la colaboración y que explicaría en gran medida la fortuna de la ciudad romana, llamada a ser casi desde sus inicios caput provinciae heredando así los factores de éxito de la Corduba prerromana, hasta tal punto que se mantuvo el nombre de la ciudad, así como la mención a los indígenas “escogidos” que aparece en el conocido pasaje de Estrabón (3, 2, 1).

Desde un primer momento queda clara, entre otras, la vocación estratégica y logística de la ciudad, base de operaciones de los ejércitos romanos en las sucesivas estrategias que se observan en el desarrollo de la conquista romana (control efectivo del Valle del Guadalquivir, contención de las incursiones lusitanas, penetración al Norte de Sierra Morena), posible centro de abastecimiento de las tropas así como lugar de invernada de los gobernadores y de parte de sus tropas ya que, siguiendo la práctica habitual, los ejércitos cuando no estaban en campaña eran divididos en diversas unidades que quedaban asentadas y acuarteladas en los núcleos más importantes o conflictivos del área controlada.

La nueva ciudad se desarrolló a unos 750 m. al NE del oppidum turdetano sobre un espolón de la terraza cuaternaria que dominaba los dos vados fluviales existentes. Un rasgo a destacar de esta primera entidad urbana, cuya extensión es de 47 Ha., es la irregularidad de su planta, característica por otra parte común en otros asentamientos coetáneos. Esta irregularidad posiblemente obedece a la necesidad de combinar una estructura de campamento o, al menos, con una fuerte impronta militar, con una topografía accidentada que ofrecía posibilidades naturales de defensa, puesto que la primera ciudad se localiza sobre una meseta o terraza elevada rodeada de pendientes y cursos menores de agua, como el Arroyo del Moro, dejando sin ocupar un espacio amplio hacia la zona del río. De esta manera se conformó un característico aspecto exterior que se vio potenciado por la imponente muralla que desde el momento fundacional rodeó la ciudad.

 

 

 

Fundación de Corduba

Los romanos la conquistaron en el 206 a.C., tras la batalla de Ilipa y la llamaron Corduba. En el año 169a.C. el entonces pretor Marco Claudio Marcelo funda, junto al asentamiento ibérico pre-romano, una colonia latina, que fue habitada por población patricia originaria de la misma Roma. En el año 152aC. Marcelo se retira a invernar a esta ciudad tras tomar Netobriga (Lusitania).

 

Época republicana

Entre los años 143a.C. y 141a.C. la ciudad fue sitiada por Viriato.

En el año 113a.C. ya se menciona que existe un foro romano. El asentamiento pre-romano es poco a poco abandonado y sus habitantes se trasladan a la ciudad romana y se va produciendo una monumentalización de la ciudad, ya que las casas de adobe son sustituidas por caliza y areniscas. En el año 80a.C. ya se acuñan monedas en esta ciudad.

Julio César, en el año 49a.C. reunió en Corduba, que ya era caput provinciae, a los representantes de las ciudades de la Hispania Ulterior. La ciudad, considerada conventus, había cerrado sus puertas al legado pompeyano Varrón. Éste se rindió allí a César, quien pronunció un discurso de agradecimiento a sus partidarios. Es entonces cuando plantó el famoso platanus mencionado por Marcial, situado en los jardines del actual Alcázar de los Reyes Cristianos.

En el año 46a.C. se concede a Corduba el estatuto colonial por parte de los hijos de Pompeyo, pasando a ser denominada Corduba Colina Patricia.

El conflicto entre cesarianos y pompeyanos se agravó en el 45a.C. Julio César asedió la ciudad y combatió contra Cneo Pompeyo el Joven (hijo de Cneo Pompeyo Magno) por el control del puente debiendo retirarse poco después hacia Ategua mientras Cneo Pompeyo invernó en Corduba. Tras la batalla de Munda, César asedió de nuevo la ciudad que fue tomada al asalto, decidiendo éste castigarla con su destrucción. En la misma murieron más de 22.000 cordubenses, casi la mitad de la población (45 - 48%). Tras este genocidio, se repobló la ciudad casi a partes iguales con los indígenas que aún habitaban la ciudad prerromana y personas provenientes de la misma Roma.

En el año 43a.C., durante la época del Segundo Triunvirato, Corduba recuperó su papel como centro político de la Hispania Ulterior, siendo convertida en su capital.

 

Transformaciones urbanísticas en el siglo I a. C.

En la zona meridional de la ciudad diversas intervenciones parecen indicar la existencia de una temprana fase de “monumentalización” en el cambio de siglo o en el primer tercio del s. I a. C. que pueden ser el indicio de cómo Corduba estaba ya convirtiéndose de facto y posiblemente de iure en el caput provinciae tal y como aparece caracterizada en las fuentes escritas. Por otra parte, algunas fuentes nos han transmitido el apoteósico recibimiento que la ciudad dedicó a Q. Cecilio Metelo Pío en el año 74 a. C., que escandalizó a algunos de sus contemporáneos, y si bien es posible que no puedan relacionarse estas noticias con la existencia de lujosas casas en la ciudad, decoradas con estatuas y tapices helenísticos, sino que más bien sean testimonio de la erección de arquitecturas efímeras si bien no faltan datos arqueológicos sobre la presencia de casas de peristilo de cierta importancia en este momento, todo parece indicar que estamos ante una ciudad importante y urbanísticamente consolidada por lo que no es de extrañar que sea ahora cuando asistimos a los comienzos de la actividad de la ceca de la ciudad con la emisión de las monedas con leyenda CORDVBA, posiblemente hacia 80-79 a. C.

Además, no parece casual que esta evidente transformación en la fisonomía de la ciudad corra paralela al definitivo cese en la ocupación del asentamiento prerromano que se produce de manera progresiva y no traumática. Igualmente revelador es la concesión del estatuto colonial bien por los hijos de Pompeyo bien por el propio César.

Esta importancia de la ciudad va a volverse en cierta medida contra ella ya que si bien fue utilizada por César como lugar de reunión de los otros núcleos urbanos de la provincia, su ambigüedad política y su filopompeyanismo al final de la Guerra Civil tendrán como respuesta el brutal asedio y posterior toma de la ciudad por parte del dictador, un episodio bélico que, a decir de las fuentes, se saldó con 22.000 muertos y que a escala arqueológica parece evidenciarse en la existencia de un potente estrato de cenizas o incluso en la amortización de estructuras tal que el uso de varios tambores de fuste aparecidos en la cimentación de la muralla altoimperial.

 

Época imperial

En la reorganización de las provincias hispanas llevada a cabo por Cayo Octavio Augusto en el año 27a.C., la Hispania Ulterior Baetica queda a cargo del Senado siendo su capital la que de nuevo, será conocida como Colonia Patricia. Este título, unido a una "refundación" de la ciudad y a una posible deductio, fue concedido en el 25a.C. Durante la época de Augusto se transformó la ciudad, expandiéndose hacia el río, reorganizándose el viario y los espacios públicos como el "foro colonial", se construyó el teatro (con la intervención del propio emperador, sus representantes y los principales benefactores de la ciudad (Persini Marii, Annaei), muy relacionados con las explotaciones mineras), un acueducto (el Aqua Augusta) y probablemente el anfiteatro. También, coincidiendo con el viaje del emperador se acuñan monedas con la leyenda Colina patricia.

Durante la época de Tiberio Claudio Nerón César (Tiberio) se construye el forum novum y el puente sobre el arroyo de Pedroches.

Siendo Tiberio Claudio César Augusto Germánico (Claudio) emperador se inicia la construcción del centro de culto imperial, con la edificación del templo de Marte, cuyas ruinas pueden observarse en la actual calle Claudio Marcelo, y la plaza situada delante del mismo, concluyéndose en la época de Nerón, junto con un circo en las inmediaciones. Ya con Domiciano se construye el segundo acueducto (el Agua Nova Domitiana Augusta). También durante este periodo, siendo Lucio Cornelio edil y duoviro, se construyen fuentes públicas en la ciudad y se decora el primer acueducto con numerosas estatuas de bronce.

A finales del siglo II se desmantela el circo oriental construyéndose otro segundo circo, al oeste de la ciudad, junto al actual rectorado de la universidad, un tercer acueducto (el Aqua Fontis Aureae) y un foro provincial en los altos de Santa Ana.

Entre los años 294 y 296 se construye el palacio imperial palatium Maximiliani junto a la actual estación ferroviaria, que sirvió de sede al emperador Maximiano Hercúleo.

En época de dominación romana, llegó a poseer más edificios lúdicos que la propia Roma. Llegó a rebasar los 250.000 habitantes.

 

El gran cambio urbano. La época de Augusto

El periodo augusteo representa para nuestra ciudad un momento clave, pues en él se configura la imagen urbana que perdurará a lo largo de toda la Antigüedad. El proceso de transformación urbanística, así como los principales programas edilicios y ornamentales que lo componen. han sido definidos por varios autores en fechas muy recientes. Por ello, nos limitaremos aquí a ofrecer una síntesis de lo hasta ahora conocido y publicado.

Tras la destrucción sufrida por Corduba durante la guerra de Munda, no total, pero sí intensa, en el año 45 a.C. (Bell. Hisp. 34). es probable que César ordenara el establecimiento de una colonia romana "de castigo", consecuencia de su actitud ambigua o abiertamente filopompeyana durante el conflicto, si bien el estatuto colonial tal vez fuera concedido ya en la época en que la ciudad estuvo bajo el control de los pompeyanos. Posteriormente, pero con anterioridad al 14 a.C. -tal vez en 25 a.C.- coincidiendo con la reorganización administrativa de las provincias de Hispania Augusto culminaría tales proyectos deduciendo la Colonia Patricia y asentando en ella un contingente de veteranos licenciados del ejército, a lo que aludirían tanto algunas acuñaciones de la ciudad con signa legionarios en los reversos, como la constatación epigráfica de una nueva tribu -Galeria- en la que se inscriben sus ciudadanos. La Colonia Patricia Corduba pasa a ser capital de la Provincia Baetica y del Conventus Cordubensis, afianzando de iure la preeminencia que había ostentado durante la época republicana respecto al resto de ciudades de la provincia (Plin. nat. Hist. III. 10).

Estos acontecimientos políticos deben haber jugado un papel fundamental como motor del cambio urbanístico que se documenta arqueológicamente. En efecto, en este período se constata la ampliación del recinto amurallado de la ciudad hacia el Sur, hasta prácticamente la orilla del Guadalquivir, incrementando así su extensión en 31 ha. (superficie total: 78 ha.). Probablemente la ampliación sirviera para acoger a los colonos augusteos.

Al mismo tiempo que se reorganiza su interior, la ciudad se "abre" hacia el exterior, una vez concluidas las guerras civiles (provincia Baetica pacata est, se lee en una inscripción del Foro de Augusto en Roma). Capital administrativa, económica y política de un territorio provincial, es precisamente la calzada que articula este territorio, la Vía Augusta, la que vertebra también la ciudad ampliada, pues pasa a ser Decumanus Maximus (c/ Alfonso XIII) y Kardo Maximus (c/ San Álvaro, Jesús María y Blanco Belmonte). Otros indicios de apertura territorial serían la parcelación agraria (centuriatio) con la misma orientación que la documentada para algunos ejes del viario intramuros, o la presencia de suntuosos monumentos funerarios a lo largo de las calzadas que salen de las puertas úrbicas con los dos grandes mausoleos circulares documentados recientemente junto a la Puerta de Gallegos y a ambos lados de la vía Corduba-Hispalis junto con otras formas monumentales (columbarios, hipogeos, altares) que caracterizaron el paisaje funerario de la ciudad durante la etapa alto imperial.

Las calles de la ampliación augustea, y también las de la vieja Corduba (zona Norte), se dotan en estos momentos de cloacas y se pavimentan, empresa de gran magnitud, a tenor de los kilómetros de conducciones y toneladas de piedra necesarios mientras que algunas calles, también, se dotan de pórticos sobre las aceras. La red de saneamiento está sin lugar a dudas vinculada a la construcción del primer acueducto con que cuente la ciudad: el Aqua Augusta (acueducto de Valdepuentes), de probable financiación imperial. Como también lo están las fuentes públicas en las plazas y calles, que se calculan en un centenar.

También las innovaciones en el campo arquitectónico contribuyeron a transformar el paisaje urbano; en especial, la introducción del mármol como material constructivo programático y la adopción de modelos romanos en el lenguaje decorativo. Algunas piezas, colosales y elaboradas en mármol de Luni-Carrara, ponen tras la pista de monumentos patrocinados directamente por el emperador, propietario de las canteras.

Sin lugar a dudas, el teatro es el monumento más emblemático de la Colonia Patricia augustea. La investigación arqueológica sobre sus vestigios, aunque en estado incipiente, permite asegurar que se trata de un edificio muy grande: 125 m. de diámetro. También peculiar resulta su diseño, por cuanto parece componerse de una cavea de forma ligeramente ultrasemicircular, según las huellas fosilizadas en el parcelario y -lo que resulta más fiable-, la simetría de las cuatro plazas aterrazadas que lo circundan desde el momento mismo de su edificación y que estaban conectadas por escaleras además de servir para acceder a los diversos niveles del edificio. Tamaño, configuración (ausencia de porticus post scaenarn desarrollada) y decoración arquitectónica (claves de arcos decorados con máscaras, superposición de órdenes), remiten a un modelo específico y claramente augusteo: el Teatro de Marcelo en Roma. La forma de la cavea, ultrasemicircular y apoyada en ladera, encuentra, sin embargo, mejores paralelos en edificios republicanos o helenísticos. Tal vez podría proponerse como modelo el proyecto cesariano de teatro adosado al monte Tarpeyo, nunca realizado (Suet. Caes. 44), que habría unido la "nueva Roma" del Campo de Marte (Estrab. Geog. V, 8) con el tradicional capitolio. Al menos conceptualmente existe una similitud, por cuanto el complejo aterrazado a los lados del teatro patriciense sirve para suturar urbanísticamente la vieja Corduba con la nueva Colonia Patricia.

En cualquier caso, debe repararse en que tanto el peculiar modelo como el tamaño lo alejan de otros edilicios hispanos construidos por evergetas locales (v.g. Itálica, Acinipo, Malaca). Si a esto añadimos que los teatros existentes en las otras dos capitales provinciales augusteas -Emerita y Carthago Nova- presentan un menor tamaño y fueron, no obstante, edificados por familiares directos del Princeps (por Agripa y por sus hijos Gayo y Lucio Césares, respectivamente), no parece descabellado proponer una financiación imperial para el cordobés.

 

La ciudad en la época alto-imperial

Si la época augustea supone un episodio decisivo en el desarrollo urbanístico de la Córdoba romana, la fase altoimperial se constituye como un momento de consolidación y desarrollo del proceso comenzado entonces. Los datos arqueológicos demuestran que la etapa que se extiende entre la época de Augusto y los finales del s. III d. C. es la más floreciente de la Colonia Patricia desde todos los puntos de vista. Evidentemente, debe tenerse en cuenta que una ciudad no se finaliza en una sola generación por lo que algunos de los proyectos diseñados en época augustea se culminarían con posterioridad. Tal es el caso de uno de los edificios más emblemáticos de la ciudad, el teatro, cuya decoración se finalizó en época julio-claudia e incluso se observa la presencia de ciclos icónicos imperiales que todavía estaban completándose en época de Antonino Pío cuando también se fechan otras piezas escultóricas. Algo similar ocurre con las murallas que en algunos puntos del lienzo meridional fueron edificadas en época de Tiberio.

Durante la etapa altoimperial se produce la consolidación y transformación de los principales espacios públicos de la ciudad, planificados y concebidos ya en época augustea, al tiempo que asistimos a la creación de otros, dentro de un fenómeno de proliferación de espacios públicos en las ciudades provinciales a partir del modelo de la propia Roma que, en el caso de la Colonia Patricia, la llevaría a contar nada menos que con cinco plazas.

En primer lugar, debemos reseñar el “foro colonial”, destinado a los asuntos propios de la ciudad y heredero del viejo foro republicano. El análisis conjunto de los datos arqueológicos y epigráficos permite esbozar el proceso de su consolidación definitiva desde época augustea hasta el s. IV.

El principal programa arquitectónico concebido en época julio-claudia lo constituye el complejo religioso de la calle Claudio Marcelo, que se estructura en torno a un gran templo hexástilo y pseudoperíptero con un ara cuadrangular delante, rodeado por una plaza con triple pórtico de 77 m de anchura, levantados ambos sobre una gran plataforma artificial de 10 m de altura que servía para salvar el acusado desnivel natural existente en la zona. Para sostener los empujes de los rellenos que la constituían, se utilizó un complejo e interesante sistema constructivo muy similar a las anterides vitruvianas, un conjunto de contrafuertes de planta trapezoide con el lado mayor hacia la fachada principal del conjunto, la oriental. De esta forma, se configuraba un grandioso espacio arquitectónico que debía determinar la imagen de la ciudad desde la vía procedente de Cástulo. Con respecto a este gran conjunto, uno de los problemas más discutidos por la investigación ha sido el de su cronología. En el momento actual, creemos que los análisis estratigráficos demuestran, sin lugar a dudas, que el templo comenzó a construirse en el reinado de Claudio si bien cabe admitir un plazo de tiempo hasta la finalización del edificio rodeado por la plaza.

Cabría dentro de lo posible que ya en el proyecto augusteo estuviera diseñada la organización de este sector de la ciudad, pero, de confirmarse su vinculación con el culto imperial, parecería más adecuado concebir el conjunto como una exigencia urbanística posterior, máxime si tenemos en cuenta la envergadura de la obra y el desplazamiento hacia el Norte de la Vía Augusta, documentado arqueológicamente en la zona de la Manzana de San Pablo y fechado precisamente en época de Nerón, no debiendo tampoco olvidar la existencia de una cloaca, fechable en época augustea, cortada precisamente por los cimientos de la cella. También conviene recordar que, para su construcción se amortizaron estructuras domésticas, de cronología republicana, así como se hubo de derribar parte de las murallas. Iguales consideraciones, se pueden hacer con respecto al forum novum, que igualmente amortiza edificaciones domésticas y que no estaría previsto en los planes augusteos de ampliación de la ciudad ni mucho menos en la etapa fundacional.

A diferencia de la decoración arquitectónica, muy poco es lo que conocemos del programa escultórico que, sin duda, debió ornar este gran complejo religioso. Además de constatar la existencia de cinco esculturas, entre las que se destaca una femenina, la única identificada, de tamaño mayor que el natural y dispuesta sobre un basamento, y dos estatuas de bronce, una de ellas ecuestre, merece la pena mencionar una gran estatua femenina vestida, fechable precisamente en época claudia o neroniana, que podría interpretarse, a título de hipótesis, como una de las imágenes de culto del templo, identificación que podría hacerse extensiva a la otra pieza mencionada, también femenina.

Otro de los fenómenos urbanísticos más importantes que se producen en la etapa alto imperial es el crecimiento de la ciudad fuera del recinto amurallado. Diversas excavaciones han revelado la existencia de barrios –vici- tanto al Norte como al Este y Oeste, barrios que se organizaron en torno a una red viaria bien definida, al menos en lo que respecta al área occidental, con calles e insulae que albergaban casas pavimentadas con lujosos mosaicos.

Igualmente tenemos testimonios que nos indican cómo estos ambiciosos programas urbanísticos no se limitaron al ámbito estricto de la ciudad sino que conocemos las actuaciones emprendidas en esta época en lo que respecta a las infraestructuras públicas en el territorium de la ciudad pudiendo mencionar que recientes excavaciones han permitido fechar el llamado puente del arroyo de Pedroches, en el trazado de la Via de Corduba a Emerita Augusta, durante los reinados de Tiberio o Claudio, cronología que es posible aquilatar ante la existencia de un miliario fechado en los años 35-36 d. C.

De esta manera, la Colonia Patricia y su entorno inmediato alcanzaron un nivel muy elevado de desarrollo urbano con la continuación de los programas augusteos y la realización de nuevos proyectos que respondieran al crecimiento demográfico y urbano de la ciudad. A finales del s. III asistiremos a una serie de transformaciones que cambiarán radicalmente la imagen de la ciudad.

 

3.b Monumentos más significativos

A modo de resumen, podemos reseñar los siguientes monumentos de la Córdoba romana:

LA PUERTA DEL RINCÓN se encontraba justamente al final de la Calle Puerta del Rincón, perviviendo actualmente la Torre de la Puerta del Rincón. La puerta es llamada así por encontrarse en el ángulo formado por la confluencia de dos lienzos de la muralla, el norte y el este. Esta puerta era una de las 6 puertas que tuvo el primer recinto murado de la ciudad, en el siglo III adC. Posteriormente, en época almohade se aprovechó este punto para conectar un nuevo lienzo de muralla, el de la Axarquía, con el ya existente.  Fue demolida en el año 1852.  Este entorno ha sido rehabilitado recientemente. En el año 2002, se realizó una intervención arqueológica de urgencia [.

LA TORRE DE LA PUERTA DEL RINCÓN es un torreón de planta octogonal en dos cuerpos, adosado al lienzo de la muralla nororiental de la Villa, que resuelve el fuerte desnivel topográfico entre la Villa y Ajerquía.  Se especula con su construcción que algunos apuntan a su origen romano (siglo I) continuando su función en época califal. Se convierte en la Puerta del Rincón de la muralla almohade.

LA PUERTA DE OSARIO se encontraba en la actual calle Osario y daba salida al Campo de la Merced.  Una de las salidas naturales de la ciudad por su parte norte siempre fue la conocida en la cristiandad como Puerta de Osario. Coincide con la puerta norte de época romana, como desembocadura del kardo maximus [1]  La puerta de Osario se crea a partir de dos grandes torres reedificadas después de la conquista cristiana. Su nombre hace alusión a los abundantes restos óseos hallados en sus cercanías donde al parecer existió una necrópolis.

En el año 1799, se produce la demolición de la muralla que corría entre la Puerta de Osario y el Convento de Capuchinos. En el año 1831, se entrega el uso a los ermitaños del Desierto de Nuestra Señora de Belén, que rebajaron considerablemente la altura del arco, perdiendo gran parte del encanto de la puerta. La puerta de Osario fue demolida en el año 1905

LA PUERTA DE GALLEGOS era la puerta sita en la parte occidental de la ciudad. Se encontraba situada en la actual confluencia de la calle Concepción y el Paseo de la Victoria.  Esta puerta fue una de las más importantes de la ciudad ya que era la salida hacia Sevilla, a través de la Via Augusta por lo que fue utilizada desde su construcción en época romana hasta el siglo XIX.

En 1755 sufrió grandes desperfectos debido al terremoto de Lisboa, reedificándola. En el año 1794 se destruyó el torreón que tenía frente por frente. En el año 1864 fue derribada totalmente para ensanchar la salida hacia el Paseo de la Victoria y facilitar el tránsito de las personas y mercancías, especialmente en los días de la Feria de Nuestra Señora de la Salud 

El nombre que recibe la Puerta de Gallegos, tiene dos diferentes hipótesis:

 

MAUSOLEO DE LA PUERTA GALLEGOS. Conocido popularmente como "mausoleo romano", este túmulo funerario data del segundo cuarto del Siglo I. Consiste en una edificación cilíndrica construida con un núcleo interior de hormigón revestido en sillares de calcarenita. El mausoleo fue descubierto en 1993 durante la realización de unas catas arqueológicas para la construcción de un parking. Debido a la importancia del hallazgo, se decidió preservar los restos, reconstruyendose siguiendo patrones originales. Siguiendo los criteros actuales de restauración, se empleó una piedra distinta a la calcarenita original, de modo que los fragmentos originales integrados fueran visibles de forma clara.

Estudiados durante varias campañas de excavación en la década de los noventa del siglo pasado, los Monumentos Funerarios de Puerta Gallegos constituyen los dos ejemplos más significativos de la arquitectura monumental funeraria de la Córdoba romana, tanto por sus dimensiones, 13 m. de diámetro, como por el tipo arquitectónico en que pueden englobarse. Están situados a ambos lados de la vía romana que unía la ciudad, desde época republicana, la Corduba-Hispalis, por la margen derecha del Guadalquivir. Este camino se bifurcaba en dos ramales, uno de los cuales, el antiguo Camino Viejo de Almodóvar constituía una de las más importantes áreas de enterramiento de la ciudad.

         Fue en tiempos de Augusto cuando se construyó un primer monumento funerario compuesto por un ustrinum (lugar en el que se procedía a la cremación del cadáver) y una zona de deposición funeraria separada del anterior por un muro bajo, conformando así un dispositivo que cuenta con interesantes paralelos en otras ciudades béticas como Baelo Claudia. Posiblemente, deba situarse en este momento la pavimentación con losas de pudinga de la vía, ahora prolongación evidente de la principal calle de la ciudad en sentido Este-Oeste, el Decumanus Maximus, fenómeno que debe entenderse en el marco de la urbanización de la zona junto a la construcción de un puente y el embellecimiento de las puertas ciudadanas.

         En época del emperador Tiberio, ese proceso de monumentalización alcanza su apogeo con la construcción de dos monumentos funerarios cilíndricos de dimensiones idénticas pero de funcionalidad diversa. El más septentrional, que presenta un mejor estado de conservación, se elevó respetando el enterramiento anterior, lo que nos inclina a pensar en una relación familiar en lo que respecta a los destinatarios de ambos complejos, y manteniendo su carácter individual, mientras que el situado al sur parece haber sido concebido como un enterramiento colectivo posiblemente destinado a albergar los restos de los miembros de la familia del difunto del primer edificio.

         En cuanto a su tipología, destaca su directa tradición itálica, aun cuando existen paralelos exactos en la arquitectura funeraria hispana. Formalmente se asemejan a otros monumentos hallados en Carmona, Alcalá de Guadaira, Mérida y, quizá, la localidad tarraconense de Les Gunyoles. La difusión de este tipo de monumento cilíndrico halla su razón de ser en la importancia que llegó a alcanzar un monumento el mausoleo del propio emperador Augusto. De esta manera, la existencia de estos magníficos edificios es una prueba más de que la Colonia Patricia fue un fiel reflejo de la propia capital, Roma, en el seno de un proceso de transmisión ideológica e iconográfica casi único en el resto de la España romana.

         Parece indicar que este tipo de edificios esta relacionado con los ordo equester, uno de los más importantes sectores de la sociedad romana. No debemos olvidar tampoco la ubicación privilegiada de los mausoleos, muy cerca de una vía, formando parte así de la “imagen de la ciudad”, lo que abunda aún más en la especial importancia que debemos conferirles en el marco de la sociedad de la Córdoba romana.

         Las técnicas constructivas muestran una perduración de técnicas tradicionales en la arquitectura patriciense, como es el empleo del opus quadratum o “la piedra de mina”, pero al mismo tiempo importa las nuevas corrientes de la arquitectura romana como el uso del opus caementicium y la utilización masiva del mármol.

         Aun cuando resulta por el momento difícil de comprender, los monumentos no tuvieron una vida extensa, pues ya a finales del s. II d. C. el área funeraria se ve literalmente invadida por construcciones domésticas y comerciales pertenecientes a uno de los barrios que habían ido surgiendo a extramuros de la ciudad en el mismo momento en el cual la mencionada calzada se desmonta y eleva.

Conserva la cámara funeraria que cobijaba la urna cineraria, así como restos del basamento, cornisas y pretil almenado. Inusual en la península por su tipología, pudo haber sido diseñado por un arquitecto itálico tomando como referencia otros mausoleos de la capital imperial y de Italia.

De la magnitud del túmulo, así como de su situación junto a la muralla se deduce el hecho de que debió pertenecer a una familia acomodada. Por una parte, esta tipología no es habitual en Hispania, siendo este uno de los pocos ejemplos conocidos actualmente. Por otra, la ley romana establecía la obligación de construir los enterramientos en las afueras de la ciudad a los lados de las vías de comunicación. La situación del enterramiento era un claro exponente del status de la familia: cuanto más próximo a la ciudad estuviera, más alta era la posición familiar.

El túmulo conservado tenía un gemelo[1] al otro lado de la vía que unía Corduba con Hispalis (actual Sevilla) y que salía de la ciudad por la puerta occidental o "Porta Principalis Sinistra" antigua Puerta de Gallegos, y del cual podemos observar restos originales del pavimento de la época. Es probable que uno de ellos -el conservado- estuviera destinado al pater familias, mientras que el otro se destinara para su mujer e hijos.  El estado de este segundo túmulo imposibilitó su reconstrucción. Sin embargo, se ha conservado su trazado en planta mediante un semicírculo de losas de granito en el pavimento del paseo de la Victoria y otro semicírculo que conforma un mirador al yacimiento.

EL FORO COLONIAL fue el primero y más importante de los que tuvo Córdoba. Gracias a excavaciones llegadas a cabo a finales del siglo XX sabemos que sus aproximadamente 7000 m2 se extendían por las actuales calles de Cruz Conde, Ramírez de Arellano, Historiador Díaz del Moral, Góngora y Braulio Laportilla.

El foro aparece mencionado en las fuentes desde la fundación de la ciudad, y estuvo en funcionamiento hasta, al menos, la primera mitad del siglo IV.

Su construcción se realiza en dos fases de datación inexacta, si bien dentro del periódo republicano. Tras la destrucción de la ciudad por las tropas cesarianos debió sufrir grandes daños, que serían reparados ya en época augustea.

El foro, como es tradicional en el esquema romano, se situaba en la confluencia de los kardo y decumano mayores. Estuvo porticado, con columnas sobre sillares de piedra caliza y enlosado del mismo material y una fuente, estos dós últimos de época augustea

Poco se conoce de los edificios del foro, salvo los restos hallados de un edificio absidiado. Samuel de los Santos referenció unas termas, mientras que posiblemente hubiera un templo dónde hoy se situa San Miguel, una basílica y otros edificios públicos, puesto que en esta lugar tenía lugar la administración de la ciudad.

Los materiales de construcción fueron caliza y arenisca de origen local, y entre la decoración se incluían gran número de estatuas donadas por ciudadanos destacados. Algunos restos encontrados nos hablan de estatuas de tamaño colosal.

EL TEMPLO ROMANO situado en el ángulo formado por la calle Claudio Marcelo y Capitulares, no es el único que la ciudad tuvo, pero si fue posiblemente el más importante de todos, así como el único conocido por excavación arqueológica. El monumento es un templo pseudoperíptero, hexástilo y de orden corintio de 32 metros de largo por 16 de ancho.

En la zona ya habían sido encontrados elementos arquitectónicos, tales como tambores de columnas, capiteles, etc... todo ello de mármol, por lo que era conocido como los marmolejos.

Esta zona de Córdoba pudo constituirse entre el siglo I y el siglo II, como el foro provincial de la Colonia Patricia, título que recibió la ciudad durante la dominación romana.

Las formas que vemos hoy día son el resultado del proyecto de reconstrucción llevado a cabo a mediados del siglo XX, en los años 50 y 60, tras el descubrimiento y puesta en valor de los restos hallados durante la construcción del Ayuntamiento. Lo que actualmente contemplamos se debe a las reconstrucciones llevadas a cabo por el arqueólogo Antonio García Bellido y el arquitecto Félix Hernández. Tanto los pilares como los fustes fueron construidos para la reconstrucción por Félix Hernández.

Lo más destacado del conjunto son los cimientos: los que sustentaban el edificio propiamente dicho y los contrafuertes delanteros, dispuestos en forma de abanico y apoyados en un muro (parte del cual es hoy visible en el Ayuntamiento), creaban un soporte para evitar que se desplazase por el peso del conjunto, construido completamente en mármol. Este tipo de sujeción, llamada antérides, no era frecuente en el Imperio, lo cual supone un valor añadido al conjunto cordobés. Las antérides, junto a los masivos cimientos del templo, nos hablan de la magnitud que debió tener el conjunto, ampliamente visible desde la Vía Augusta, principal vía de entrada por el este, que corría paralela al circo romano.

Alrededor pueden verse algunos fragmentos originales del templo, tales como piezas de tambores o capiteles. Otros restos fueron llevados al Museo Arqueológico para su mejor conservación, como algunos relieves que allí se exponen, y donde también se hallan algunos de sus capiteles, mientras que varios fustes de sus columnas los podemos en la Plaza de las Doblas.

El templo fue construido a lo largo de la segunda mitad del siglo I d.C.. El conjunto comenzó a construirse en época del emperador Claudio (41-54) aunque no se culminaría hasta el reinado de Domiciano (81-96 d. C.), momento en el que se le dota de agua. Sufrió algunas modificaciones en el siglo II, reformas que parecen coincidir con el cambio de ubicación del foro provincial que se traslada al entorno del actual convento de Santa Ana.

El material empleado fue casi exclusivamente mármol, desde las columnas a los muros, pasando por la cubierta y el entablamento. La calidad del mármol y de la talla del mismo nos hablan de que su construcción fue llevada a cabo por artesanos con altísima cualificación, situando el resultado al nivel de los más bellos edificios del imperio. Delante del templo, ante las escaleras de acceso al mismo, le situaba el ara o altar, lugar donde ser realizaban las prácticas religiosas.

EL PUENTE ROMANO es el puente situado sobre el río Guadalquivir que une el Campo de la Verdad con la ciudad por el Barrio de la Catedral. También conocido como "el Puente Viejo" ha sido prácticamente el único puente que ha mantenido la ciudad en 20 siglos, hasta la construcción del Puente de San Rafael a mitad del siglo XX. El 9 de enero de 2008 se inauguraba la mayor remodelación que el Puente Romano haya tenido en su historia.

Construido a principios del siglo I d.C., durante la época de dominación romana en Córdoba, sobre el río Guadalquivir (probablemente sustituyendo a uno más primitivo de madera), tiene una longitud de unos 331 metros y está compuesto por 16 arcos de los 17 que había originalmente. Fue un importante medio de entrada a la ciudad desde la zona sur de la península Ibérica por ser el único punto para cruzar el rio sin utilizar ningún tipo de embarcación. Probablemente la Vía Augusta que iba desde Roma hasta Cádiz pasaba por él.

Desde la época de la Reconquista encontramos en un extremo la torre defensiva de la Torre de la Calahorra y en el otro la Puerta del Puente, realizado por orden de Felipe II por el arquitecto Hernán Ruiz III en 1572. En el mismo podemos encontrar la escultura de San Rafael del Puente Romano, que data de 1651, obra del escultor Bernabé Gómez del Río.

A lo largo de su historia ha sufrido numerosas reconstrucciones, principalmente una en la época califal, una después de la reconquista otra a principios del siglo XX. Estos arreglos fueron más de carácter estético que estructurales. De hecho, sólo el arco número 14 y número 15 (comenzando a contar desde la Puerta del Puente) son originales.

El 9 de enero de 2008 termina la última reforma del puente hasta la fecha, y una de las más radicales y que más polémica levantó. Dirigida por el arquitecto cordobés Juan Cuenca Montilla, la restauración no estuvo exenta de polémica debido al carácter ambicioso del proyecto que quiso devolver al puente un aspecto lo más parecido posible al original. Para ello, se limpiaron los tajamares, se descubrieron los sillares originales, se sustituyó el adoquinado por un suelo liso de granito y se rehabilitó una hornacina existente dedicada a San Acisclo y Santa Victoria. Igualmente, se recuperó el nivel original del extremo norte del puente, enrasado con la Puerta del Puente y el Paseo de la Ribera.

            En siglos recientes, el Puente Romano se convirtió en el acceso de entrada a la ciudad para los viajeros que acudían desde el sur de la ciudad. No en vano, se situaba al final del puente en la Puerta del Puente, el fielato sur de la ciudad (Oficina a la entrada de las poblaciones en la cual se pagaban los derechos de consumo). Además, el Puente Romano fue parte integrante de la Nacional IV, siendo atravesado por aquellos viajeros que bajaban desde el centro de España hacia la zona sur, siguiendo su uso como vía de transporte hasta el 1 de mayo de 2004 cuando se cierra al tráfico de forma definitiva

Debido a las continuas reformas que se han venido llevando a cabo en el Puente Romano durante los años de historia del puente, se desconocen muchos de los elementos ornamentales que se tuvieron a lo largo de la historia. Sin embargo, sí es posible detallar algunos de los elementos existentes desde el siglo XIX y siglo XX.

TEATRO. Han sido varias las campañas de excavación realizadas desde que el edificio fuera descubierto en el año 1994, dándose a conocer casi el 30% de la superficie total del mismo, arrojando, por tanto, suficiente información como para conocer sus dimensiones reales, así como su configuración espacial. En la actualidad ha sido posible recrear la totalidad de la cavea (graderíos), sin embargo, apenas se conocen datos de la composición de la scaena (lugar donde se realizaban las representaciones teatrales, generalmente ornamentada con ricos decorados arquitectónicos).

Los arquitectos romanos eligieron la cota más alta de la ciudad para el asentamiento del edificio, con el fin de aprovechar la pendiente y ubicar en ella los graderíos. Se ha calculado que la cavea pudo poseer un diámetro de casi 125 metros, lo que supondría el mayor ejemplo de estas características hallado en Hispania, sólo 6 metros menor que el Teatro Marcelo de Roma, pudiendo albergar hasta un total de 15000 espectadores. La orchestra (espacio semicircular central destinado al coro u “orquesta”) estaba situada en el espacio que comprende la actual Plaza de Jerónimo Páez, a la que precisamente desemboca la puerta trasera del Museo Arqueológico y Etnológico Provincial.

         Gracias a los restos encontrados en las diversas excavaciones, como es el caso de varias piezas de cornisa, capiteles o, incluso claves de arco decoradas con una especie de máscara trágica, sabemos que el teatro tenía un desarrollo en arquería, y que había superposición de órdenes, como sucede en el citado Teatro Marcelo. También se han encontrado restos de capiteles, de modelos similares al Templo de Mars Ultor en Roma, de los que se piensa pudieran pertenecer a la scanea.

         Numerosos restos epigráficos permiten situar la realización de este gran edifico en época augustea, posiblemente anterior al 5 a.C., aunque el proceso de ornamentación y embellecimiento pudo prolongarse hasta época julio-claudia (14 d.C. hasta 69 d.C.). Los mismos restos nos hablan también de la presencia en el edificio de notables familias locales del momento, caso de los Annaei, Marii, Numisii, MeIrcellones Persii… por lo que se piensa que el proyecto pudo estar directamente sufragado por el Princeps Senatus (El Senado Romano).

         El teatro estuvo en uso hasta el tercer cuarto del siglo III d.C., momento en que un terremoto lo dañó gravemente, produciendo grandes grietas sobre la cavea y el terreno sobre el que se asentaban los cimientos de la misma. Sabemos que hubo un intento de reparación en el siglo IV d.C., pero lo cierto es que comenzó un lento proceso de expolio que se desarrolló a lo largo de este siglo, convirtiéndose en cantera a lo largo de la siguiente centuria, siendo despojado de gran parte de la piedra que componía la cavea. Con el tiempo, el espacio se urbanizó, pasando a formar parte de una zona residencial, perdurando así desde la Edad Media hasta nuestros días. Actualmente se puede contemplar una parte de él en la recientemente inaugurada ampliación del Museo Arqueológico.

El 
Teatro cordobés presenta grandes similitudes con el Teatro Marcelo de 
Roma

 

 

3. Cronología

 

218 a. C.: En el marco de la Segunda Guerra Púnica Silio Itálico (3, 401) menciona a Corduba entre los aliados de Aníbal y la caracteriza como decus aurifera terra a la par que nos habla de unos supuestos caudillos de la ciudad, Phorcys y Arauricus. Debe tenerse muy presente la fiabilidad de este autor y el hecho de que escriba su poema a finales del s. I d. C.

 

I. LA REPÚBLICA (218 a. C.-31 a.C.)

206 a. C.: Batalla de Ilipa que concede a los romanos el dominio, más o menos efectivo, del Valle del Guadalquivir.

Primer tercio del s. II a. C.: Primeras evidencias (cerámica de barniz negro Campaniense A y ¿monedas?) de la presencia romana, posiblemente militar, en el solar de la ciudad.

Segundo cuarto del s. II a. C.: Horizonte "fundacional" que puede interpretarse como la evidencia arqueológica de la primera implantación urbana civil de Corduba. En este horizonte se enmarca, por ejemplo, la construcción de la muralla, de las primeras y modestras edificaciones de la ciudad y, tal vez, la definición del entramado urbano.

169/168 y 152/151 a. C.: Fechas posibles de la fundación de la ciudad por parte de M. Claudio Marcelo según nos informa un pasaje de Estrabón (3, 2, 1). Se configuraría así una dípolis entre el asentamiento prerromano, Corduba, y la nueva ciudad, posiblemente colonia latina. Estrabón también nos informa de que la ciudad fue habitada "desde el principio" por indígenas e itálicos escogidos y de que fue la primera "apoikia" en la zona.

152 a. C.: Según Polibio (35, 2) Marcelo se retira a invernar en Corduba tras tomar Nertobriga en la Lusitania. Otras referencias a esta función de la ciudad como lugar de acampada en App. Hisp. 64-66; Cic. Arch. 26; Sall. hist. frg. 2, 20, 28; Bell. Hisp. 4, 6 y 11 para los años 148, 146, 143, 112, 76.

143-141 a. C.: La ciudad es sitiada por Viriato si hemos de hacer caso al autor anónimo del De se ad patriam (11-12).

Finales del s. II - comienzos del s. I a. C.: Se abandona definitivamente el asentamiento prerromano situado al Este de la ciudad fundacional. En este momento empiezan a detectarse los primeros indicios de "monumentalización" en la ciudad romana tanto en el ámbito público como en el privado.

113-112 a. C.: Se menciona la existencia de un foro en la ciudad romana (Cic. Verr. 4, 56).

80-79 a. C.: Primera acuñación de moneda con leyenda CORDVBA.

76 a. C.: Según diversas fuentes (Sall. hist. Frg. 2, 28; Ps. Sen. De se ad patriam 9-10) un terremoto asola Corduba.

74 a. C.. Quinto Cecilio Metelo Pío es recibido entusiástica y lujosamente en la ciudad (Ap. BC. 1, 110; Cic. Arch. 10, 26; Plu. Sert. 22; Sall. hist. frg. 2, 70; Val. Max. 9, 1, 5).

49 a.C.: César reúne en Corduba, que era considerada ya caput provinciae, a los representantes de las ciudades de la Ulterior (Caes. civ. 2, 19, 1-2). La ciudad, denominada oppidum, o, más concretamente, el conventus, citado entonces por primera vez, había cerrado sus puertas al legado pompeyano, el famoso erudito Varrón (Caes. civ. 2, 19, 3). Éste se rindió a César en la ciudad quien aprovechó la ocasión para pronunciar un discurso de agradecimiento a sus partidarios de la provincia (Caes. civ. 2, 20, 8 y 2, 21, 1). Según la tradición es entonces cuando plantó el famoso platanus que menciona Marcial (epigr. 9, 45).

48 a. C.: Casio Longino, pretor de la Ulterior en nombre de César, sufre un atentado cuando se dirigía a la basílica de Corduba para administrar justicia (Bell. Alex. 53, 2). La conjura es sofocada pero tras la marcha del gobernador se producen desórdenes y levantamientos de tropas destacando la actitud ambigua del cuestor M. Marcelo (Bell. Alex. 56-59). Como represalia Longino destruyó las nobilissimae carisssimaeque possessiones (agros y aedificia) de los cordubenses situadas al Sur del Río (Bell. Alex. 59, 2 y 60, 1).

46-45 a. C: Posible concesión del estatuto colonial por parte de los hijos de Pompeyo. Según otros autores, fue Augusto quien lo concedió o al menos el cognomen Patricia.

45 a. C.: Conflicto definitivo entre cesarianos y pompeyanos. Corduba aparece mencionada varias veces en las fuentes (Bell. Hisp. 2, 2-3 y 34; 3; 4, 2-3; 5; 13, 33-34; 32; 33; 34, 2; 43, 1; D. C. 43, 32 y 39). César asedia la ciudad y combate con Cneo Pompeyo por el control del puente debiendo retirarse poco después hacia Ategua mientras Pompeyo inverna en Corduba. Tras la batalla de Munda, César asedia de nuevo la ciudad que es tomada al asalto decidiendo César castigar su filopompeyanismo destruyéndola (tb. Ps. Sen. De se ad patriam 5-8), acción en la que, según las fuentes, murieron 22.000 cordubenses y que ha dejado huellas visibles en el registro arqueológico.

43 a. C.: Durante la época del trunvirato, Corduba recupera su papel como centro político de la Ulterior (Cic. epist. 10, 31, 5).

 

II. ALTO IMPERIO ROMANO (31 a. C.-finales del s. III d. C.)

27 a. C.: Según las fuentes (D. C. 53, 2, 4; Estr. 3, 4, 20) se reorganizan las provincias hispanas quedando la Hispania Ulterior Baetica a cargo del Senado siendo su capital la que desde ahora será conocida como Colonia Patricia (Plin. nat. 3, 10). Este título, unido a una "refundación" de la ciudad y a una posible deductio, tal vez fue concedido en el 25 a. C. desde luego con anterioridad al 14 a. C.

Época de Augusto: Transformación urbanística de la ciudad completada por los sucesores del emperador. La ciudad se expande hacia el río, se reorganiza el viario y los espacios públicos como el "foro colonial", se construye el teatro y, tal vez, el anfiteatro en el marco del llamado "barrio de espectáculos".

15 a. C.- 5 d. C.: Construcción del teatro con intervención del propio Emperador y sus representantes así como de los principales evergetas de la ciudad (Persini Marii, Annaei) muy relacionados con la explotaciones mineras

13-12 a. C.: Emisión de las monedas con leyenda Colonia Patricia con permiso imperial obtenido prosiblemente tras el viaje de Augusto a Hispania en 15-14 a. C.

Época de Tiberio: Construcción del forum novum.

Época de Tiberio o posterior: Sendos epígrafes (CIL II2/7 272 y 273), uno procedente del Foro colonial y el otro de donde se ubicó más tarde el foro provincial, testimonian la dedicación de estatuas al magistrado L. Axio Naso por parte de los vicani vici Forensis en el primer caso y por los vicani vici Hispani en el segundo. Además de proporcionarnos los nombres de dos de los barrios de la ciudad, la segunda inscripción parece indicar que el recuerdo de los "indígenas escogidos" se mantenía siglos más tarde incluso desde el punto de vista urbanístico.

35-36 d. C.: Fecha posible de construcción del puente sobre el arroyo de Pedroches proporcionada por un miliario y conforme a las últimas excavaciones arqueológicas.

Época de Claudio: Se inicia la construcción del centro de culto imperial con la edificación del templo de la calle Claudio Marcelo y de la plaza situada delante del mismo, en época de Nerón culminan las obras en el edificio religioso y se construye el circo inmediato y en época de Domiciano el conjunto ha alcanzado su aspecto definitivo con la realización de un acueducto.

Época julio-claudia: Gracias a dos epígrafes (CIL II2/7 218 y 219) sabemos que Lucio Cornelio, edil y duoviro, pagó una serie de fuentes públicas y las efigies de bronce que las decoraban como parte del ciclo de abastecimiento del Aqva Avgvsta, el primer acueducto de la ciudad construido bajo el reinado del propio Augusto.

81-96 d. C.: Se construye el segundo acueducto de la ciudad, el Aqva Nova Domitiana Avgvsta (CIL II2/7, 220).

Último cuarto del s. II d. C.: Desmantelamiento del circo oriental. Posiblemente se construye un segundo circo al otro lado de la ciudad en el momento en que la ciudad se dota de un tercer acueducto, el Aqva Fontis Avreae. En este momento la zona de los Altos de Santa Ana tal vez asuma las funciones de foro provincial

Primer tercio del s. III: Una inscripción (CIL II2/7, 221), procedente del entorno del foro colonial, testimonia como Lucio Iunio Paulino, flamen de la Bética y magistrado y sacerdote de la colonia, costeó no sólo numerosas estatuas por valor de 400.000 sextercios sino también dos representaciones teatrales, juegos de gladiadores y carreras de circo. Esto indica que en este momento continuaban existiendo y funcionando en la ciudad el teatro, el anfiteatro y uno de los dos circos, el occidental.

Tercer cuarto del s. III (260-280): Terremoto que provoca el derrumbe del teatro. Huellas del seísmo se han detectado también en excavaciones cercanas, como es el caso del Colegio de Santa Victoria.

294-296: Construcción del palatium Maximiani en la zona de Cercadilla.

S. IV d. C.: Comienzan a advertirse elementos de la transformación de la ciudad hacia un nuevo modelo. Se abandonan y/o saquean las calles, el templo de la Calle Claudio Marcelo es desmantelado y despojado de su decoración, comienza también el desmantelamiento del teatro, se construyen viviendas en espacios públicos como es el caso del foro provincial y el mencionado templo. Sólo el foro colonial parece mantener su función de espacio público. Al mismo tiempo se comienza la construcción de basílicas y centros de culto en el marco de la "cristianización" de la topografía, extensible también a los espacios funerarios. El proceso de transformación se extiende hasta el s. VI d. C.