En la entrada anterior recogía, admirado, algunos de los vídeos que los alumnos de mi centro producen de manera autónoma. En esta entrada mostraré otros vídeos; pero, en esta ocasión, son el producto final (e instrumento de evaluación de la materia) de un proyecto realizado por mis 30 alumnos de 4ºE de Latín.
En relación al aprendizaje por proyectos o la concepción de la enseñanza por proyectos, recomiendo la visualización de la entrevista al profesor Fernando Hernández, que se inserta más arriba, en la que subraya algunos de sus principios:  la imaginación pedagógica, la consideración de los alumnos como sujetos, el aprendizaje colaborativo  e interdisciplinar, la clase como un laboratorio donde se construyen experiencias de aprendizaje, el principio de incertibumbre, el vínculo y relación con los alumnos…

Pero como el vídeo fue la tarea final, es conveniente que con algún detalle explique, en reconocimiento a los alumnos de este grupo (a los que yo motejaba con la expresión sois un caso) y quizás en interés de algunos de los lectores de este blog que puedan aprovechar esta experiencia, el proceso que condujo a esos resultados.

La materia de Latín en 4º de ESO cuenta con tres horas lectivas semanales. Dos de ellas las dedicaba casi exclusivamente a la enseñanza de la lengua latina apoyándome en Familia Romana de Hans Orberg, de manera que la tercera y última, habitualmente, la dedicábamos a la cultura clásica. En esas clases de civilización romana – relacionadas con el contenido de las unidades del método Orberg- combinaba las técnicas expositivas, más o menos participativas, apoyadas en mapas, vídeos o presentaciones con la metodología de aprendizaje por proyectos. Durante esa hora en el último trimestre mis alumnos desarrollaron un proyecto (un vídeo sobre los monumentos romanos de la ciudad de Córdoba), para el que, en parte, los había preparado con un proyecto anterior del primer trimestre. Las entradas bajo la etiqueta instrucciones del blog de clase recogen las diferentes instrucciones y tareas preparatorias, que sintetizaré a continuación.

En primer lugar, debían documentarse sobre el monumento que habían elegido mediante un comentario en la entrada del blog donde se explicaba el sentido del proyecto final. En esta fase de documentación debían usar tanto fuentes digitales como impresas. Como primera tarea posibilitadora, debían insertar la imagen del mapa conceptual, elaborado con CmapTools, que organizara los contenidos extraídos de las fuentes en un plazo prefijado. Por cierto, algunos entendieron, erróneamente, que sería mejor valorada la entrada que contuviera un mayor número de mapas conceptuales. De nuevo, apareció su concepción de la gratificación inmediata y proporcional al esfuerzo y trabajo desarrollados.

La segunda tarea consistía en la fase de documentación gráfica. Como se habían documentado previamente sobre el monumento que debían visitar, se entiende que la selección de imágenes (fotos) del monumento estaría guiada por el filtro de esos conocimientos estructurados en el mapa. Desde el punto de vista técnico, ninguno planteó dificultad alguna para hallar imágenes en internet, así como disparar fotos al monumento romano que debían visitar, ni tampoco para insertar un diaporama con Picasa en el blog (lo habían practicado en un proyecto anterior). Sí tuvieron algunos dificultades para localizar el monumento en su ciudad (desconocían la calle y/o zona), lo que, sin duda, apoya la necesidad de construir un aprendizaje funcional, un conocimiento vinculado a su entorno y operativo, útil y práctico. No obstante, en algunos casos apareció otro de los rasgos de nuestros estudiantes: su elevado narcisismo. Puesto que les había pedido, como prueba de la visita, que en algunas fotos aparecieran ellos mismos, algunos interpretaron que lo que se les pedía era un reportaje turístico del monumento:

La tercera y última tarea consistía en la presentación del proyecto en un vídeo. Para ello, lógicamente, debían integrar en un guión la información extraída de las fuentes documentales con las imágenes, propias y ajenas, del monumento que explicaban y describían. En esta última tarea sí se movían con mayor dificultad. De hecho, en un proyecto anterior habían preferido montar las imágenes en un powerpoint y mediante un proyector realizar una exposición oral, que yo registré en vídeo, apoyada en esas imágenes. Sin embargo, en esta oportunidad, salvo un grupo – los alumnos, como obliga la disposición de un centro tic, se agruparon durante todo el curso en parejas-,  el resto de la clase (14 parejas, 28 alumnos) presentó un vídeo, que incrustaron en el blog en el plazo prefijado. La mayor parte usó, tal como les recomendé, una herramienta muy simple, Jing.  Es un programa gratuito- ¡lástima que sólo haya versión para Windows!- que, como capturador de pantalla en vídeo, les permite sincronizar, sin obstáculo alguno, audio e imágenes. Para la grabación del audio se les facilitaron unos auriculares que incorporan micrófono, que ya habían usado en una práctica-un proyecto del primer trimestre- con Audacity y Animoto. Otros, con más habilitades tecnológicas, usaron programas de edición de vídeo. Gracias a ello, pude descubrir a otro alumno, tímido y retraído, con canal en Youtube que, al modo de los personajes de Yamakasi, practica el parkour.

De otro lado, como las tareas posibilitadoras, la tarea final fue evaluada mediante una rúbrica o matriz de evaluación. Pero más allá de su valor académico, lo que entiendo incuestionable es que esta metodología o concepción de la enseñanza por proyectos facilita el desarrollo de múltiples competencias: competencia en comunicación lingüística (debían desarrollar un guión), competencia digital, competencia social y ciudadana (este proyecto les ha servido para valorar su propio patrimonio e incluso reivindicar- con éxito diferente- el libre acceso a los restos si éstos se hallaban en lugares privados), competencia cultural y artística (me parece que la mayoría ha aprendido a reconocer los restos arqueológicos como valiosos testigos de su pasado) y, por supuesto, su competencia para aprender a aprender y de autonomía e iniciativa personal: han desarrollado un aprendizaje autónomo, colaborativo y autorregulado.

Más allá de la jerga psicopedagógica actual, todos- creo- reconocemos que aprendemos de la experiencia, de tal manera que si, en el aula y fuera de ella, generamos nuevas experiencias en nuestros alumnos su aprendizaje es mucho más fácil, productivo y superador de los límites academicistas.

Para finalizar, inserto uno de los vídeos realizados con Jing. No es el mejor- de hecho, contiene varios errores en la descripción del monumento-, pero lo relevante de esta muestra es que la alumna trató de comprender un fragmento de la realidad que veía y de transmitir esa información de manera natural:

Actualización 8-9-2010. Una versión de esta entrada, con el título Proyecto: Monumentos romanos en la ciudad de Córdoba se ha publicado en la revista Philópolis del mes de julio de 2010.